El futuro está garantizado. La diócesis es una gran salina para la tierra de Cristo, a quienes conocen y aprenden a seguir las más de 3.500 personas de entre 15 y 30 años que conforman el más de medio millar de grupos juveniles que el Obispado estima que existen por toda la diócesis. Surgidos en parroquias, colegios religiosos y hermandades como grupos de confirmación o posconfirmación, en su mayoría. Son grupos como los Boy Scouts católicos, de Acción Católica, Taizé, Cordare, Luz Vida o Amistad y Vida, entre otros, y el próximo sábado tendrán la oportunidad de hacer oír su voz, reunirse y conocerse en la Misión Juvenil que prepara el Obispado.
Será este encuentro un hito en su trayectoria a lo largo del año, plagada de actividades en las que se dan la mano lo espiritual y lo lúdico, la oración, el crecimiento personal y la fiesta. Así lo atestigua Elena Jurado, que tiene 26 años y es catequista en la parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, donde anima a los jóvenes de su grupo a que cada acto de su vida lo mueva el amor. Porque es eso lo que ofrecen este tipo de comunidades: una vida en el amor de Cristo que tienen claro que es alimento y camino a la felicidad. Descubrir esa felicidad en su catequista y en quienes participaban de la Iglesia fue lo que animó a Manuel Laguna, de 18 años, a entrar en el coro de la parroquia de la Esperanza y a colaborar en la Delegación de Juventud del Obispado. El «buen ambiente» que encontró y la alegría compartida le hicieron quedarse.
Profundidad
¿Qué les ofrece la Iglesia a los jóvenes para que se digan felices en su seno? Elena Jurado cuenta que «los grupos jóvenes ofrecemos cosas que atraen a los jóvenes, que buscan pasárselo bien pero también profundidad». Ignacio Uxo, de 19 años, cuenta que su grupo de posconfirmación le aporta «vivir más intensamente mi fe, de una manera más sincera», a la vez que le ha permitido hacer amigos y conocer a muchas personas que piensan como él. Es el caso de Juan Antonio Cerezo, que tiene 19 años y forma parte en la parroquia de la Trinidad de una comunidad Taizé, que reúne a cristianos católicos, ortodoxos y anglicanos para orar tres veces al día.
A Juan Antonio estos encuentros le aportan una experiencia con Dios. «Cuando tengo dudas o algo que pedir se lo pido a Él, y a Él todo se lo confío», señala. Además, le permiten conocer bien a otras personas y hacer amigos. Como a David Gracia, de 15 años, que acude a un grupo juvenil en la parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza para «reforzar» su fe, poner en común inquietudes con gente de su edad, abordar temas de la religión, de la moral y de la sociedad y tener experiencias que le ayudan a trazar su vida. Son uno de sus puntales, son la Juventud de Cristo, y animan al resto de jóvenes a unirse a su camino.




