Cualquier otro hubiera dicho basta, se hubiera plantado y hubiera buscado el camino del quirófano. Él, Javi Flores, no. Lucas Alcaraz le pidió un esfuerzo extra por el Córdoba en Jerez y accedió. Eso sí, tuvo la recompensa de un golazo. Ganaba el Córdoba 1-2 y se había dejado por el camino alguna que otra oportunidad para sentenciar. Entonces, un rechace a media altura cayó sobre su pie derecho y cargó sobre el balón con rabia, ganas, pasión. Tal vez, por eso hizo del esférico un misil sobre el que nada pudo hacer Chema. La pelota entró.
Prácticamente, era la sentencia y sabedor de esa circunstancia salió corriendo hacia el fondo ocupado por 50 valientes cordobesistas a los que no hizo reproche alguno. Se besó el escudo, su escudo, el del Córdoba, que se llevaba una merecida alegría.
Porque el Córdoba que ayer venció en Chapín fue un equipo ordenado, rápido, equilibrado y listo. Así se explica que el cuadro blanquiverde venciera a todo un aspirante al «play off», si bien es cierto que esa imagen no es muy distinta de la que ha ofrecido en la mayoría de los compromisos que ha disputado en el presente 2011. Desde luego, el triunfo es un argumento esperanzador de que nada está tan lejos, si bien Alcaraz preferirá la política de ir partido a partido.
Por cierto, que el de Chapín no empezó demasiado bien. A los 37 segundos, De Coz ya había visto una tarjeta amarilla en su deseo de frenar a José Mari. Y es que el Xerez, que sorprendió desde la alineación incluyendo a Bermejo, se enchufó antes a la contienda. Daba la sensación de que el Córdoba podía pasar una mala tarde.Para colmo de males, un resbalón de Arteaga propició una rápida salida en contragolpe de Redondo que culminó en gol (trallazo) de Bermejo. Quedaba mucho partido, pero las sensaciones seguían instando al sufrimiento. Era como si el chaparrón no se acabara nunca.
Pero si algo tiene este Córdoba es voluntad. Y eso quedó plasmado en otro ejercicio de fe de Charles. El de Belén complicó la salida de balón de Lombán hasta el punto de que acabó llevándose el esférico. Cabalgaba hacia la portería, pero fue derribado. El central del Xerez vio la tarjeta roja y el partido entró en otra dimensión.
El culpable de ese cambio fue Jorge Luque. Entró en juego y activó a todos sus compañeros. El Córdoba evitó que el Xerez se apelmazara y empezó a encontrar el camino sobre la portería de Chema. La culminación de todo llegó con un certero cabezazo de Charles a la salida de un córner. En este caso, Chapín respiraba miedo.
Y lo mejor es que el Córdoba lo supo descifrar. No se conformó con el empate y empujó hasta que hizo el segundo en dos entregas. Charles vio cómo se le anulaba uno por fuera de juego, pero no el siguiente. Arteaga volvió a aparecer para habilitar a Oriol Riera, que cruzó en exceso un balón que siguió con fe Charles. Otra vez el brasileño con un ejercicio de inquebrantable persistencia.
Con el 1-2, el Córdoba fue listo y trató de llegar tranquilo al descanso. Con algo de suerte, la desesperación de su adversario iría en aumento. Y, en parte, fue así. El Xerez tuvo sus opciones de empatar al comienzo de la segunda parte. Recompuesto el equipo por parte de Javi López, los azulinos apretaron. Pero, para su infortunio, en plena fase de agobio sobre la portería de Alberto, José Mari se lesionó. Curiosamente, cuando el ex internacional se retorcía de dolor y estaba con nueve efectivos el Xerez, Gioda pudo empatar. Su problema es que estrelló su buen testarazo en el larguero.
Ese lance despabiló al Córdoba. Se centró y supo gestionar la ventaja, la superioridad numérica. En definitiva, gestionó el partido. Encontró pasillos por la vías de Callejón y de Arteaga, dejando la sensación de que estaba muy cerca la posibilidad del 1-3. Sin embargo, el nuevo dígito en el marcador de Chapín no terminaba de colocarse. Estuvieron cerca Charles en varias ocasiones y Pepe Díaz. Desde luego, quedaban abiertas las esperanzas de un Xerez que tomó más riesgos.
La incertidumbre se instaló a falta de 10 minutos para el final, aunque el Córdoba no ofrecía fisuras. Alcaraz, para refrescar su medular, dio entrada a Javi Flores. El de Fátima es de los que garantizaba control y último pase, ya que lo del gol lo tenía algo olvidado. Sin embargo, cuando voló ese balón a media altura, Javi Flores se reencontró con el premio. Por la escuadra, a lo grande, con clase. En definitiva, con el sello de un jugador al que se le ha machacado injustamente en Córdoba.
Así se acabó el partido, ya que le sobraron los 10 minutos que quedaban. Hasta los jugadores del Xerez optaron por firmar un armisticio, ya que la batalla la tenían perdida. Mejor dicho, la batalla se la ganó un Córdoba que sí sacó resultado.




