El desempleo se ha convertido en el último trienio marcado por la crisis en una pesadilla para los jóvenes de la capital. Desde diciembre de 2007, poco antes de estallar la recesión, hasta el mismo mes de 2010, el número de parados de menos de 25 años se dispar un 55%. Además, para este colectivo, el pasado año resultó muy duro: acumuló un repunte del desempleo de casi el 26%. Fue el grupo de edad con mayor incremento.
Estos guarismos reflejan la complicadísima situación de un heterogéneo colectivo en el que se entremezclan quienes buscan su primer empleo, los que ya tienen experiencia, titulados de FP, universitarios que acaban de salir de la facultad y, sobre todo, muchas personas sin ninguna formación laboral adquirida en su etapa educativa, lo que dificulta su trayectoria profesional.
Los jóvenes de la capital han sufrido con dureza la prolongación de la crisis. Si se analiza el último trienio, época de recesión, se ve que desde diciembre de 2007 hasta ahora su cifra de parados aumentó el reseñado 55%. De 2.713 apuntados en las listas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) se saltó a 4.208. Sólo les superó el grupo de desempleados de entre 25 y 44 años, con un alza del 57,4%.
Y la peor parte se la llevaron los hombres. Los chicos de hasta 24 años elevaron su paro un 71,6%, con lo que a la conclusión de 2010 eran 2.296. En esta franja de edad, a diferencia de en el conjunto de inscritos en el SAE, las féminas son menos que los varones —ellos dominan en el fracaso escolar y eso se debe notar a la hora de salir antes al mercado laboral—. Al cierre del pasado ejercicio, las chicas sin ocupación eran 1.912, un 39% más que tres años antes.
En la vertiginosa subida masculina ha tenido que influir el que hubo jóvenes que con el «boom» de la construcción dejaron sus estudios para trabajar en el ladrillo. Cuando su burbuja explotó, acabaron en el paro.
Y dentro de este trienio negro, 2010 fue un ejercicio pésimo. Se contabilizaron 857 jóvenes más inscritos en las listas del SAE. Eso supone un incremento vertiginoso: 25,6%.
Los demás colectivos de edad tuvieron alzas, pero se quedaron muy, muy, por debajo. De hecho, el aumento medio en la ciudad fue del 5,9%. Hay que matizar que el colectivo de los menores de 25 años tenía más margen de crecimiento, porque era el único que venía de bajar en 2009.
Falta de formación
Es difícil conocer los motivos del espectacular aumento del último año, pues el SAE no da más datos por edades. Para hallar alguna pista hay que irse hasta las cifras del Servicio Público de Empleo Estatal (SPEE) correspondientes al conjunto de la provincia, donde el desempleo de los jóvenes creció en 2010 casi un 18% —subida intensa, pero menor que en la capital—. De ser 8.020 saltaron a los 9.432.
Lo reseñable es que el alza se debió exclusivamente al «brutal» incremento de quienes buscaban su primer empleo, porque entre los que ya tenían experiencia laboral bajó. Y es que su cifra se dobló sin miramientos: de 1.800 menores de 25 años que aspiraban a «estrenarse» en el mercado laboral se pasó a rozar los 4.000. Es un síntoma de las dificultades del tejido productivo para absorber a los jóvenes que intentan acceder a él.
Uno de los factores que clásicamente ha jugado contra este colectivo es su escasa preparación. De nuevo, hay que recurrir a datos provinciales del SPEE para poder comprobarlo. Son al cierre de 2009 —último ejercicio disponible— y hasta los 29 años, pero resultan muy significativos.
Entre ellos, tres de cada cuatro tenían como máximo un nivel de estudios de Bachillerato, aunque los que dominan son los que han cursado ESO (con o sin titulación). O sea, no contaban con formación laboral obtenida en el sistema educativo.
Y si para cualquier cordobés es misión imposible lograr un contrato indefinido, para los que están «echando los dientes» en materia laboral, es aún más complicado. En 2010, en la provincia sólo el 2,3% de las vinculaciones que rubricaron los menores de 25 años fue fija. El dato es aún peor que el del global de Córdoba (2,6%), que ya de por sí es uno de los territorios del país donde menos peso tienen los contratos indefinidos.
Cuestiones como éstas son las que acaban influyendo en la fuga de talentos que sufre Córdoba.



