Al fondo del Mini Estadi se divisaba un monumental Camp Nou, el escenario que perfectamente podría asumir el nombre del teatro de los sueños. Allí, el equipo que dirige ahora Guardiola fabrica un fútbol primoroso que ayer sufrió el Córdoba, pero con la salvedad de que el culpable fue filial azulgrana.
Porque el Córdoba se marchó de Barcelona con cuatro goles que bien pudieron ser alguno más. Sencillamente, porque al equipo de Alcaraz, que estaba en uno de sus momentos cumbres, le tocó un adversario que estaba de dulce. De buenas a primeras, su rival, que ya demostró su potencial tres días antes metiéndole seis al Numancia en Soria, incrementaba su potencial con Thiago o Montoya, quienes unas horas antes estaban en la convocatoria del primer equipo en Mallorca. Por su parte, Alcaraz sólo dosificó el esfuerzo de Alberto Aguilar, al que sustituyó por Fernando Usero, cuya movilidad podía combatir mejor el juego azulgrana.
Eso, porque el Barça B ya comenzó el partido arrollando. De salida, le dio un ritmo enorme, desarbolando a un Córdoba que se veía casi inhabilitado para llegar al centro del campo. De hecho, no tardó en exceso el filial a tener ocasiones. Tello, especialmente, sondeó la portería de Alberto, pero no mostró ningún tipo de acierto. Esto también contagió a Edu Oriol, quien dispuso de un claro disparo que se estrelló en el larguero.
La confirmación del sufrimiento del Córdoba fue comprobar cómo Usero y Luque estaban casi inéditos. Los mediocentros sólo corrían para acumular hombre en el centro del campo con el fin de que los azulgrana no se sintieran cómodos. Eso sí, estos tardaban poco en abrir a las bandas y hallar otras soluciones atacar.
Entonces, llegó un pulso de paciencia. El Barça B no quería desesperarse ante el orden que intentaba instaurar un Córdoba que tuvo pocas opciones para irse arriba. Y cuando lo hizo, no supo gestionarlo. Tanto Callejón como Arteaga se entretuvieron en exceso conduciendo el balón. El Córdoba exhibió demasiada tensión.
Todo lo contrario, le sucedió a los cachorros de Luis Enrique. Siguieron tocando y tuvieron alguna que otra ocasión más para marcar antes del descanso, destacando una de Tello que salvó Richy en la línea.
Parecía que el descanso sería la bendición para el Córdoba, el comienzo de un partido distinto. Y así fue, pero para peor. Thiago, que va para crack mundial, apareció. El hijo de Mazinho sacó una coreografía digna de Billy Elliot en la banda izquierda antes de pasar a Jonathan Soriano para que este hiciera el primero. Al Córdoba se le pudo venir el mundo encima, pero le pasó lo contrario. Camille subió la banda, Oier falló en el despeje y Usero cargó mucha furia sobre un balón que puso dentro de la portería azulgrana.
Como se diría en baloncesto, se abrió un nuevo encuentro con el empate, pero sólo en el marcador. Por lo demás, todo siguió como estaba. Es decir, el Barcelona B dominando y el Córdoba esperando a que escampara una tormenta que fue a más. Curiosamente, Charles pudo adelantar en el marcador al Córdoba con un tiro cruzado, pero Fontás lo impidió.
A partir de ese momento, regresó la versión monologuista de los azulgrana. Montoya rompió a la defensa blanquiverde y puso un balón atrás que Usero metió sin querer en su portería. Quedaba tiempo para la reacción, pero la dictadura de los culés en el partido no dio opción. Entre otros motivos, porque Soriano hizo un nuevo gol para su prolongada cuenta tras batir en un mano a mano a Alberto. El portero hizo todo lo que pudo, pero combatir contra las fuerzas sobre naturales es demasiado difícil.
Con este gol sobraba el resto del partido. Con todo, un barullo dentro del área azulgrana no acabó en gol por poco. No se sabe si hubiera cambiado el sino del partido. Tal vez, eso llevó a Edu Oriol a hacer un nuevo tanto (4-1).
El partido se quedó con ese marcador y con la sensación de que el Barça B rozó la excelencia. Para el Córdoba se quedó todo en una pesadilla que podrá olvidar el domingo con el Numancia. Por suerte, no todos los equipos tienen el Camp Nou de fondo.
POR A. D. JIMÉNEZ
BARCELONA




