Neorrealismo italiano. La situación de la cosa es tal que así. En Córdoba no hay rincón que ya no aborde el tema. De toda condición, formación, escala y estirpe. La quiniela: ¿cuántos va a sacar Sandokán..? Va usted a la misa en honor del obispo auxiliar de Sevilla, expresidente de Cajasur, y se topa con el tema por un alto cargo de la Junta. «Una encuesta interna del PSOE ya le da a Gómez más concejales que a Durán» (sonrisa malévola). Pone usted la televisión: sondeo a pie de calle, y sale el tema. IU, PSOE y PP hacen su simulacro de precampaña y no hay día en que el tema no salga a colación con futuribles: coaliciones, tripartitos, naves para arriba y para abajo. Los fines de semana, la cosa se descontrola. Vas al fútbol, y aparece. Al mercadillo, y entre lencería fina con aroma de aliño, el mismo tema.
Gómez, un personaje que ha creado a otro personaje, es un señor que tiene multas pendientes con el Ayuntamiento por más de 30 millones de euros por barbaridades urbanísticas y está imputado en el «caso Malaya» por presunto cohecho. Ha mandado en Córdoba más que nadie y tiene bien agarrado a los partidos que le escrutan una vía de escape. Ha echado a miles de personas de su grupo, casi en la ruina; aunque ha sabido resurgir vendiendo a precio de mercado el pequeño continente de suelo que poseía. Tiene todo el derecho del mundo a presentarse, pero toda la obligación de rendir cuentas ante las arcas locales y la ley. Y la moral de contar todo lo que sabe y se calla. Porque ese silencio es su verdadero (y único) programa electoral. Juega sin reglas ni argumentos, y así, ningún partido sabe jugar. Ése es el tema.



