El Numancia, como club, es un ejemplo a seguir para todos los modestos. En los tres últimos lustros, a base de tesón y paciencia, consiguió hacerse un nombre en la elite, alternando con la Primera, y poner a Soria en el mapa. Y eso lo ha conseguido desde la humildad y sin protagonizar sobresaltos de ningún tipo.
Así se explica que por la ciudad que enamoró a Antonio Machado no se genere presión en torno al equipo. Se dan los resultados por buenos y siempre existen importantes márgenes de confianza. Evidentemente, también se necesita que los resultados acompañen. Precisamente, en esa materia es en donde más problemas se está encontrando últimamente el equipo que adiestra Juan Carlos Unzué. Desde que empezó la Liga se acostumbró a ganar o a perder, desdeñando la posibilidad de los empates. Curiosamente, uno de los pocos que ha colocado a su casillero fue en la ida contra el Córdoba, que se saldó con empate a uno.
El Numancia llega a El Arcángel con una serie de tres derrotas consecutivas, registradas ante el Cartagena y el Elche lejos de Los Pajaritos, donde recibió la goleada del año (4-6) frente al Barcelona B. Ésta no es la primera ocasión en la temporada en la que hiló una serie tan negativa, ya que no consiguió su primer triunfo del curso hasta la cuarta jornada, cuando se impuso al Cartagena 2-0. Entonces, Unzué decidió variar el sistema que trató de aplicar en Soria. Influenciado por la escuela Barça, el navarro trató por todos los medios de jugar al toque, si bien se vio obligado a renunciar a ese modelo y reconducirlo a otro más pragmático con el que no le ha ido mal en algunas salidas como las de Valladolid o Ponferrada. Ubicado en la zona tranquila, el club movió ficha para incorporar en el mercado invernal a Sunny y Ion Vélez,



