LA Comisión ha aprobado la presencia accidental del 0,1 por ciento de semillas transgénicas no autorizadas formalmente en la Unión Europea (UE) si su destino es para pienso. ¿Qué va a pasar con las de consumo humano? Las semillas cuya comercialización o cultivo están autorizadas en la UE lo están también tanto para consumo humano como animal. La diferenciación en función del destino supondría una extrema complicación y un alto coste, ya que habría que separar todos los procesos de transporte, almacenaje y transformación.
Los datos publicados por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas (Isaaa) son arrolladores. El pasado año, 15,4 millones de agricultores cultivaron en 29 países 148 millones de hectáreas de transgénicos. Es decir, el equivalente a tres veces España y casi 20 veces más agricultores que todos los de nuestro país. Un nuevo crecimiento del 10 por ciento, lo que en 15 años les ha convertido en la vanguardia de la agricultura mundial. Mientras tanto, en la UE nos mantenemos al margen de estos desarrollos, algo que afecta sobre todo a los agricultores. Hay cultivos clásicos de nuestra geografía, como el algodón o el maíz, que a nivel mundial son transgénicos en un 64 y un 30 por ciento respectivamente.
Respecto a la remolacha, en plena época de déficit productivo en la UE y bajos precios, en Estados Unidos y Canadá el 95 por ciento ya es tolerante a herbicidas. La OCDE y la FAO lo vaticinan en su Informe de Perspectivas 2010. La productividad agrícola de la UE se estancará entre 2010 y 2019 con un crecimiento del 4 por ciento, mientras que en países donde se está desarrollando la biotecnología agraria, como EEUU, Canadá, Australia, China, India o algunos países de América Latina, crecerá entre un 15 y un 40 por ciento.



