Córdoba

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«Pan y circo»

Les subieron los impuestos y tuvieron que convivir con la inflación y el desempleo pero aún no era la Unión Europea sino el Imperio Romano

Día 13/03/2011

La repetición de acontecimientos nos da la seguridad de que nuestros errores ya los cometieron otros y que poco o nada hemos aprendido del pasado. La escritora María Antonia Rodríguez regresa a las librerías con la novela «Hija de Sexto Mario. El Hombre más rico de las Hispanias».

—¿Cómo era la Córdoba romana?

—Cuando Roma asombraba al mundo, nuestra ciudad se llamaba Colonia Patricia Corduba, el más alto rango que una ciudad podía ostentar y a sus habitantes se les denominaba «patricienses». Fue capital de la Hispania Ulterior y sus monumentos funerarios nada tenían que envidiar a los de la propia capital del Imperio.

—¿Y uno de ellos le inspiró a usted?

—Vivo justo enfrente de los Mausoleos de Puerta de Gallegos. Es lo primero que veo cuando levanto las persianas de mi casa. Era inevitable soñar con la época en la que se construyeron.

—¿Quién fue enterrado allí?

—Debía ser una persona muy adinerada. El mausoleo que mejor conservado se encuentra se construyó en tiempos del emperador Tiberio. Por la documentación histórica sabemos que en esa época vivía en Córdoba el hombre más rico de las Hispanias, Sexto Mario, y a partir de ahí empecé a construir mi relato.

—¿Quién era Sexto Mario?

—No existe demasiada información. Sí sabemos, por ejemplo, que Sierra Morena se llama así por él. Tenía grandes propiedades mineras y fue acusado de practicar incesto con su hija. Todos los testimonios apuntan, sin embargo, que fue una acusación falsa y que detrás de ella estaba la codicia de Tiberio que ambicionaba su fortuna.

—¿Qué cree usted que podemos aprender hoy del Imperio Romano?

—Podíamos aprender de los errores que ellos cometieron para no volver a repetirlos nosotros. Pero sucede que la soberbia del ser humano es tal que a menudo tendemos a creer que nunca caeremos en las mismas faltas que los que nos precedieron. Vemos sin embargo que la Historia es un péndulo y que las personas no cambian.

—¿Tendemos a olvidar la Historia?

—La olvidamos y, en ocasiones, hasta la modificamos en función de nuestros intereses. Pero, tanto si queremos verlo como si no, lo que estamos viviendo hoy tiene muchas similitudes con el final del Imperio Romano. Corrupción de los valores, gobernantes pésimos y poco coherentes, reglas económicas erróneas… Y por todas partes el «Pan y circo», un hedonismo en el que parece valer todo y que provoca una sociedad adormecida y desmotivada que no encuentra soluciones para salir de su letargo.

—¿Qué les ocurrió a los romanos?

—En su época de mayor apogeo eran hombres y mujeres con unas metas y unas ideas muy claras de lo que querían hacer. Luego sus instituciones empezaron a perder valor. Los magistrados hacían «la vista gorda» a la hora de defender a sus ciudadanos. Sus leyes comenzaron a tergiversarse y a cambiar. Lo legal ya no se correspondía con lo justo. Sus conquistas se pararon. Entró la dejadez y buscaron los caminos más fáciles.

—Vivir de la literatura no es uno de esos caminos.

—Desde luego que no. He necesitado ocho años para escribir mi libro, la mayor parte del tiempo dedicándolo a investigar y a documentarme.

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