Ciertamente, el espectáculo de luz y sonido del Alcázar de los Reyes Cristianos, que ayer mismo se inauguró y que durante todo un mes tiene la entrada gratuita, no deja de ser «precioso y bello», como lo calificó el alcalde, Andrés Ocaña, aunque hay que advertir que no es apto para los que gustan de ver las cosas con la misma prisa que tuvo el Ayuntamiento por terminarlo antes de que comenzara la precampaña, por lo que presionó a la empresa encargada de su montaje para que metiera la sexta marcha.
En conjunto, la combinación de luces, agua, imágenes, diálogos y música, en su mayoría de corte renacentista, musulmana y con algún que otro toque de Vicente Amigo, es agradable. Pero quizá su duración de hora y veinte minutos pueda llegar a ser un tanto excesiva. «Es para gente que no tenga mucha prisa», comentó una de sus organizadoras, y, por supuesto, será guiada para que se puedan apreciar bien todos los detalles: desde la conversación de Colón con los Reyes Católicos (sólo en castellano, por cierto), hasta la historia de Córdoba en el patio principal del monumento (donde hay que pelearse con los árboles para poder disfrutarlo), pasando por los chorros de los jardines, que es la parte más importante del espectáculo, lo que se podría considerar el «plato fuerte» del espectáculo, y que incluso captará la atención del público más pequeño.
Relajarse, dejarse llevar por la noche perfumada con azahar en los veranos, en un ambiente refrescado por la danza del agua, para luego reponer fuerzas en alguna de las tabernas de los alrededores es la oferta que, a partir de ahora, ofrece el Alcázar a los visitantes y que se une a «El Alma de Córdoba» de la Mezquita.



