Frente al maniqueísmo de visiones excesivamente puritanas o espiritualistas, que menospreciaban el cuerpo o lo consideraban sólo como fuente de pecado y tentación, «los dos últimos Papas han “revolucionado” la doctrina de la Iglesia sobre este tema y han propuesto una “teología del cuerpo y del amor” que revela toda la dignidad de la parte material del ser humano». Éste fue, en síntesis, el contenido de la conferencia que el profesor italiano Livio Melina, presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II, impartió ayer en el Obispado, en el marco de la XVI Semana de la Familia que se viene celebrando desde el lunes.
Tras unas palabras de salutación por parte del obispo y la presentación del conferenciante por Antonio Prieto Lucena, rector del Seminario San Pelagio, el profesor Melina comenzó caracterizando la llamada «revolución sexual» de los años 60 del pasado siglo —cuyas raíces sitúa en el Marqués de Sade— y exponiendo sus consecuencias en las sociedades actuales, como la banalización de la sexualidad, su limitación a la satisfacción de la libido y su desligamiento de la reproducción y de compromisos afectivos sólidos. A continuación resumió la novedad y hasta la sorpresa que en los ámbitos teológicos supuso la irrupción, en el magisterio del Papa polaco, de la llamada «teología del cuerpo», según la cual, y frente al superficial «culto al cuerpo» que sólo lo ensalza en la plenitud del placer, la belleza y la salud, pero no cuando estos factores desaparecen, «Juan Pablo II reivindicó el carácter sacramental de la corporeidad humana, a la que concibe como un signo visible de la realidad invisible de Dios».
Amor humano y divino
Por su parte, según el conferenciante, Benedicto XVI ha profundizado desde su primera encíclica en la doctrina de su predecesor, avanzando en la concepción del amor, «que es el centro mismo del anuncio cristiano», y señalando que «la imagen divina del hombre se manifiesta en la entrega amorosa, ya que el amor humano conduce al amor divino y viceversa».
También destacó que, «en el plan de Dios marcado por la naturaleza, el amor entre un hombre y una mujer tiene su lenguaje y su “gramática”, esto es, las reglas que lo hacen posible y comprensible». Al término de la conferencia hubo un breve coloquio en el que intervinieron varios de los asistentes que llenaban el salón de actos del Palacio Episcopal mostrando distintos puntos de vista.
La Semana de la Familia, que alcanza este año su decimosexta edición, está organizada por la Delegación Episcopal de Familia y Vida, proseguirá en la tarde de hoy con la intervención de Antonio Prieto Lucena, rector del Seminario y doctor en Teología Moral, que hablará sobre la relación entre pastoral familiar y pastoral juvenil en el magisterio de los dos últimos pontífices.



