DESDE hace sesenta años, una de las estampas clásicas de la Semana Santa de Córdoba es el Señor de la Caridad, bellísimo Crucificado del siglo XVI, escoltado por legionarios del Tercio Gran Capitán, en su estación de penitencia del Jueves Santo y en el vía crucis del Viernes Santo. Este año la lluvia impidió su salida el jueves, pero al día siguiente los alrededores de San Francisco volvieron a abarrotarse de espectadores para contemplar dicha estampa.
El acompañamiento de la Legión al Señor de la Caridad es querido por la Hermandad de la Caridad y se encuentra plenamente justificado. Desde 1951, el Tercio Gran Capitán tiene categoría de hermano de honor y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán que le da nombre, era cordobés y miembro de la Cofradía del Hospital de la Caridad, existente en la Plaza del Potro, la cual ya rendía culto al mismo Crucificado que hoy procesiona la hermandad refundada en 1939.
La presencia de militares en la Semana Santa cordobesa es habitual. Así, el Regimiento de Infantería La Reina, desfila con el Rescatado, recordando los tiempos de vecindad cuando aquél se hallaba en el cuartel de Lepanto. Artillería sale con las Angustias y la Guardia Civil acompañó muchos años a la Paz. Pero la Legión, con su uniformidad característica, estilo de desfilar y música e himnos propios, es la unidad que menos indiferentes deja.
En Málaga, la Legión acompaña cada año al Cristo de la Buena Muerte entre la emoción y el aplauso, populares e institucionales. Pero como en Córdoba somos especiales, aquí el aplauso no es unánime. De un extremo y otro aparecen cada año los críticos que fustigan su presencia. Unos acusándola de militarista, otros de desvirtuar la supuesta esencia de la procesión de la Caridad. Curiosa coincidencia entre extremismos.
A unos y otros se les podrían recordar varias cosas. Una, que desde la Revolución Francesa, el Ejército es del pueblo y para el pueblo, no pertenece a un Gobierno, ni a un Rey. Y el pueblo español, una gran mayoría de él, quiere ver a los militares en sus fiestas, romerías y procesiones. Un pueblo que es amante de sus celebraciones populares y vibra con unas Fuerzas Armadas que respetan y compartan dichas tradiciones, haciéndose presentes en ellas, rindiéndoles los máximos honores.
Otra, que la Semana Santa de la calle es poliédrica y quien quiera centrarla solo en un aspecto se equivoca. En ella caben las tallas de Cristos y Vírgenes, los templos de donde salen, los tronos, los costaleros y su capataz, las bandas y su música, el silencio, los nazarenos y sus insignias, las oraciones y los aromas, el público cordobés y de fuera, el itinerario con sus rincones mágicos, la historia, los nombres propios, el esfuerzo anónimo y, por supuesto, la Legión.
Y una última cosa, recordar a quienes despectivamente nombran a los legionarios como «los legías», que éstos son la primera línea de España en cualquier conflicto donde se pone en juego la vida, mientras nosotros dormimos tranquilos. Hoy, por ejemplo, en Afganistán, mañana no sabemos. Gusten o no gusten, se han ganado nuestro respeto.



