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De Jijona al «Califato»

Sus helados han alimentado a cuatro generaciones. Abrió cuando Las Tendillas se llamaba todavía Plaza de la República

Día 02/05/2011
De Jijona al «Califato»
 

Parece simple elaborar un helado. No es más que una base de leche con algo de nata para darle consistencia, azúcar y el sabor que uno le quiera dar. Pero no es tan sencillo como eso. Hace falta algo más, aparte del saber hacer que otorgan 76 años de manufacturación artesanal en un negocio familiar que va ya por la cuarta generación. Y ese secreto, en el caso de La Flor de Levante es la calidad de sus materias primas, que son puramente naturales. «Nunca hemos escatimado en ellas y hemos seleccionado siempre lo mejor para cada caso sin importarnos el precio».

Antonio Espí es, junto a su hermano José Luis, el actual dueño del negocio que, a día de hoy, tiene repartidos por Córdoba cinco establecimientos en los que llegan a trabajar hasta 35 empleados (aunque en los buenos tiempos alcanzaron la cuarentena). Pero no siempre fue así. En plena Guerra Civil, Antonio y Enrique Cortés, abuelo y tío, respectivamente, de los hermanos Espí, dejaron su Jijona natal para trasladarse a Córdoba, donde se instalaron en la que entonces se llamaba Plaza de la República para vender los helados que confeccionaban en su fábrica de la calle Reyes Católicos, que es donde hoy los siguen fabricando.

«Aquellos años fueron de penurias para mi tío y mi abuelo, porque trabajaban sin luz y a base de salmuera hecha de hielo picado y sal». Luego apareció el padre de los Espí, Eliseo, quien desposó a una hija de Antonio Cortés y continuó, amplió y mejoró el negocio. «Ahora, ya ha entrado a trabajar la cuarta generación con mi sobrino José Vicente Espí».

Desde aquellos años iniciales la familia Cortés-Espí ha visto transformarse por completo a la ciudad califal y, muy especialmente, a la plaza donde está la sede de su negocio. «La Tendillas la he llegado a ver con farolas en el centro y sin fuentes ni nada que se le parezca, así que hemos sido testigos directos de todas las remodelaciones que ha experimentado».

Durante un tiempo La Flor de Levante compartió espacio con La Teatral, que era una ventanilla ubicada en la parte derecha de la fachada del local donde «se adquirían las mejores localidades para el teatro y el cine, porque entonces estaban el Góngora y el Palacio de Cine por aquí, y también los toros y el fútbol, cuando el Córdoba estuvo en Primera». El dueño las revendía con un 20 por ciento de recargo, que ya era dinero, pero tenía bastantes clientes. Quizá tan distinguidos como los que venían a la heladería a comprar turrón, que dejaron de fabricar desde hace cinco años, porque, pese a ser «exquisitos, también era muy escaso y no resultaba rentable».

Por su terraza han pasado artistas famosos y políticos de la talla de Fraga Iribarne, Julio Anguita o Javier Arenas, y parece que el negocio va para rato, porque, como bien dice Antonio, «los helados no entienden de crisis, y la gente siempre los consume; mi única crisis, no obstante, es el mal tiempo».

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