En Cruz Conde han cambiado las caras, al menos las que se ven todos los días al otro lado de los escaparates y en los morosos pasos a la búsqueda de algo que comprar. En los días del solsticio de invierno, la considerada calle más comercial de la ciudad tenía la pinta de una trinchera, con las vallas cubriendo lo intempestivo de la obra y las tiendas lamentando una ruina segura mientras la iluminación navideña, tan tardía en 2010, se alzaba como un sarcasmo multicolor.
El cintillo de «Escenarios para la contienda» le habría venido mejor entonces, porque ahora Cruz Conde es la imagen de la placidez. Mientras una bicicleta corta el aire al encontrar una autopista entre los peatones, en el mostrador de una tienda no tiran campanas al vuelo. «Hacía mucho tiempo que se pedía la peatonalización y está muy bien que sea completa, pero esto no va a arreglar la situación solo», dicen los cautelosos.
Algunos vaticinan que el aspecto de la calle puede cambiar de la noche a la mañana y que el «glamour» de las tiendas y la llegada de establecimientos de nivel todavía más alto para cubrir los huecos que la inclemente crisis ha dejado en forma de locales vacíos. ¿Bueno o malo? «Según se mire, y según las intenciones con las que lleguen quienes quieran estar aquí».
Por la mañana, una nube de ejecutivos y agentes comerciales con maletines y prisas camina por donde antes iban los coches al ralentí cansino y tóxico del sentido único.
En los pocos bancos que se han colocado, ahora en el desafío del espacio tradicinoal, un grupo de jubilados aprecia los cambios y se piensa si esto no habría sido más sencillo hacerlo antes. La calle Cruz Conde puede ser un tablero para estas elecciones, y lo saben muchos de los que se dan una vuelta por los escaparates, que hablan de la palabra «electoralismo» para definir el cambio del plan inicial, que no preveía que fuese peatonal una calle que ahora es más bien nuevo bulevar o bandera de Izquierda Unida para los más malévolos.
Las mujeres que pasean por los escaparates sí que dicen claramente que lo prefieren así, que por las viejas aceras antiguas no cambian tres personas en paralelo, y que ya era hora de que saliera algo bien. En el dédalo de callejuelas que antes daban a la calle Cruz Conde, pasa un coche de vez en cuando maldiciendo, lo mismo que un vecino de Poniente que tarda más de cinco minutos en atravesar todo el granito entre Las Tendillas y Ronda de los Tejares para tomar el 7, que antes cogía en Diego de León o Claudio Marcelo.
Un historiador recuerda una fotografía de las obras del Gran Teatro en los años 80 con la avenida de Gran Capitán llena de coches. «¿Será tan antigua dentro de unos años esta foto como una de un atasco en Cruz Conde?», pregunta.



