Acaba de empezar la campaña y no termino de ver claro por dónde va mi candidato, Andrés Ocaña. No. No es que esté desvelándole, lector, mis afinidades políticas. Sucede que IU es el partido que cubriré estas dos semanas para ABC.
Me tiene más desorientado que a Belén Esteban el Museo del Prado. Aún no sé a qué «jugó» en el primer debate, y a buen seguro último, que tuvo con el cabeza de lista del PP, José Antonio Nieto, aunque tampoco he comprendido la táctica de este último. Estuvieron más reservones que un equipo de Mourinho esperando el choque de vuelta. Sólo que alguien debió decirles que ellos no iban a tenerlo. En vez de defender su gestión como alcalde con pasión, Ocaña llegó a caer en la cursilería. El único daño que podía sufrir Nieto, que tampoco estuvo bien, era un empacho de almíbar tras oír de su oponente argumentos más propios de los osos amorosos que de una lucha electoral.
«Queremos una urbe que mantenga este alto grado de ilusión que en estos tiempos se vive» o «Córdoba es una ciudad preciosa» fueron «perlas» que dejó al explicar sus propuestas. Lo primero es difícil cuando hay 39.875 parados y lo segundo también lo piensa mi madre cuando viene a verme a Córdoba y no por ello se presenta.
Luego, le vi en acción en un mitin. Y otra vez igual: «¡La ciudad está magnífica!». Menos mal que al instante reconoció que aún «debemos superar la crisis». Si no, en vez de un acto de campaña, hubiera pensado que contemplaba «Los mundos de Yupi». No faltó otro de sus clásicos: que viene la derecha a «privatizar empresas municipales». No sé si intentar convencer a los cordobeses de que el PP es el coco y decir lo obvio—que nuestra capital es preciosa— es estrategia suficiente para retener la Alcaldía. «Doctores tiene IU» para determinarlo. A mí me parece que no. ¿Quo vadis, Ocaña?



