Córdoba

Córdoba / PERSONAJES PARA UNA ÓPERA

ELLOS

Día 09/05/2011

CENTRÁNDOME en tres solamente, pero los tres principales, hoy quiero referirme a quienes nos desgobiernan. A aquellos que, un día sí y también el otro, nos hacen despertar topándonos con una nueva sorpresa en forma de dislate, estupidez o tropelía en este enorme patio de Monipodio de las españas (17).

Uno, el que lidera, mezcla de orate y genio incomprendido, ya ha pasado a la historia. Muñidor de alianzas imposibles, incansable negociador de lo innegociable, dador y arrebatador de derechos sociales, con talante nada talentoso, nos ha colocado en una situación nunca antes conocida. Hasta la democracia, tan demócrata él, ha llegado a ser más imperfecta que nunca, si acaso una parodia. Constitucionalista de pro ha logrado que la Constitución sea apenas una referencia y algo que, a cambio de unos votos, se negocia cuando le conviene. Aunador vocacional, ha provocado la más feroz dispersión y la división más fatal, otra vez, por motivos políticos y religiosos. Una auténtica plaga.

Mefistofélico el segundo del trío, trapacea y juega al hombre de Estado, mientras «pasa» y se burla de quienes se le oponen. Hace lo negro blanco y con su luenga capa cubre lo que le place bajo la apariencia del orden y la justicia. De sonrisa esquinada, sus manos tejen y destejen en el aire falacias, mientras con sosegado tono a nadie da respuestas bajo la apariencia veraz del que se esfuerza en darlas. Alquimista de la política, prepara en su rebotica pócimas y elixires para los ilusos ciudadanos. Una ciudadanía más pobre en todos los sentidos cada día. Proclamándose ahora aspirante al liderazgo sumo, ya nos enteraremos si algún día lo consigue.

Durante décadas encargado de la gran finca andaluza, supo controlar con tino a los braceros y proporcionar a los señoritos las rentas esperadas. Cierto es que, cuando el dueño de la finca tuvo que cesarlo por algunas cosillas que amenazaban con aparecer, el latifundio se encontraba hecho un erial, aún empeorado por el manijero que vino a sustituirle. Todavía con el pelo de la dehesa, fue premiado por el remendón monclovita con una vicepresidencia de la Nada y hoy luce, si nó oratoria, sí pétrea testa desde su azul escaño en nuestro miserable Parlamento. Padre y hermano amantísimo, proclive a la amistad extrema, cada día vamos conociendo los frutos de su larga trayectoria como paterfamilias.

Si nó en lo físico, sí en el espíritu serían Der Bucklige, Der Einäugige y Der Einarmige de la simbolista y maravillosa «La Mujer sin Sombra», de Richard Strauss. Es decir, el Jorobado, el Tuerto y el Manco; los tres hermanos de Barak el Tintorero que convertían en un infierno la convivencia de éste y su esposa. La mayoría de nosotros somos, por supuesto, aquella desgraciada pareja. Más lo peor, a diferencia de lo que ocurre en la ópera, es que el rey nunca nos devolverá nuestra sombra.

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