TIENE gracia que Ocaña y Durán sepan con exactitud quiénes son los responsables de la mala fama que los políticos se han granjeado entre los ciudadanos y que entre ellos no cuenten apenas a nadie que milite en las filas de la izquierda, ya sea de una orilla o de otra, que ambos candidatos se encargaron el sábado en la sede de la Asociación de la Prensa de dejar claro que IU y PSOE son hijos de la misma madre. Para que no nos extrañemos si llega el caso de que se vean en la tesitura de dormir en la misma cama otros cuatro años. «La culpa de todo es de la derecha, pero de la derecha en sentido amplio: de la derecha política, de la derecha sociológica y de la derecha mediática», vino a decir el (aún) alcalde en el debate (?) de hace dos días. Durán asintió primero y después cerró el argumento con una reflexión impecable. «Estamos cansados de que haya medios de comunicación que publiquen editoriales ante los que no podemos contestar», subrayó muy molesto y desconocedor a lo que ve de que los periódicos disponen de una sección llamada Cartas al Director.
Era mucho esperar que los cabeza de lista de IU y PSOE reconocieran que, hombre, algo habrán contribuido también sus formaciones a la depauperación de la vida pública. Un caso, por cierto, les coge bastante cerquita y no se le escuchó a ninguno de los dos atisbo alguno de crítica. Porque, ¿cómo creen Ocaña y Durán que influye en la percepción ciudadana de la política que una alcaldesa deje de un día para otro su cargo, se vaya de la ciudad y se pase a otro partido sin dar ni una sola explicación en el Pleno del Ayuntamiento en el que fue elegida? «Es una decisión personal que respeto», proclamó Ocaña. Durán se deshizo en elogios con Aguilar, con quien ayer se le vio en un acto electoral. Ver para creer. Ver para perder.



