Córdoba

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De besos, mítines y malcomer

Desde su elección como candidato del PSOE a la Alcaldía, Juan Pablo Durán dice haber perdido 8 kilos. Ahora, en plena campaña, manifiesta, sin perder la sonrisa, que el ritmo es «vertiginoso»

Día 14/05/2011

EL trepidante vaivén de actos electorales que apenas deja espacios en blanco entre encuentros, mítines y convocatorias no se aprecia en su rostro ni en su impoluto traje. Son las 9.00 horas, pero el candidato del PSOE a la Alcaldía, Juan Pablo Durán, ya lleva varias horas despierto y cumpliendo a rajatabla con lo que marca su agenda, como un autómata impasible. «La verdad es que, en cuanto al horario, es muy parecido a lo que venía desarrollando antes de entrar en campaña», asegura, mientras endulza su «cortado» en la cafetería Hollywood de la plaza de Cañero.

«Normalmente, en casa nos levantamos muy temprano porque Olga, mi mujer, entra a las 8.00 horas a trabajar. A mis dos hijos mayores los tengo en la universidad, y a la pequeña, de 9 años, la suelo llevar andando al colegio, que está muy cerca de la sede. Luego, la jornada de mañana es hasta las 15.00 horas y el día que no tengo comida, almuerzo en casa. Si no, lo hago fuera y ya no regreso hasta las once de la noche», relata.

El aspirante socialista a ocupar el sillón consistorial reconoce que «ahora resulta muy complicado atender a mi familia como me gustaría. Por eso, «procuro siempre que los pocos momentos que me deja el trabajo sean los más intensos posibles. Por eso mismo procuro llevar siempre a mi hija al colegio. Tardamos sólo 15 minutos, pero me permiten saber todo lo que hizo el día anterior, lo que va a hacer. Charla como su padre, hasta por los codos», señala.

Lo más duro de la campaña y de ser candidato es, para Durán, «que no estás disponible para muchas cosas que ocurren en tu entorno. Me refiero a celebraciones u otros actos familiares. Por ejemplo, hace poco fue la boda mi hermano y tuve que cambiarme de ropa a la carrera para llegar a tiempo».

Sin embargo, lo más difícil de llevar es «ver reflejado en los ojos de la gente sus problemas; me impacta muchísimo. Por eso, siempre digo que la política municipal es la política con mayúsculas. Los aciertos y errores se ven en las caras de los ciudadanos».

También le cuesta haber perdido el anonimato. «Eso intimida. Cuando pasan unos minutos de estar en un lugar, empiezas a recuperarte a ti mismo, a reencontrarte y ya te inhibes un poco de la situación, de que te observen. Al principio no te atreves ni a moverte y piensas ¿tendré bien puesta la chaqueta? Además, me da mucha vergüenza, me sonroja que las mujeres me piropeen con frases como “es más guapo en persona”. Pero siempre me han respetado mucho».

Amante de los dulces

La vorágine, ya no sólo de la campaña, sino de la política «me ha hecho perder 8 kilos desde septiembre. Y eso que no me privo de comer dulces. Me encantan. Y los que más me gustan son las milhojas de merengue».

Su fórmula para evadirse son las redes sociales. «Cuando llego a casa me gusta “twitear”. Me sirve para ponerme en el plano de los ciudadanos y mantengo debates sobre asuntos de los más insospechados. También soy un apasionado de los deportes, de las retransmisiones deportivas. Lo veo todo. Fútbol, tenis, waterpolo... Lo que pongan. Y al día siguiente, vuelta a empezar», concluye el alcaldable.

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