«CABALLERO, me deja que le eche un vistazo al periódico este que tiene en la encimera, a las paredes ya le hemos quitado el gotelé, así que mientras se asienta la masa y nos ponemos a resanar vamos a fumarnos un cigarro, en el cuarto de pila mejor, que no queremos dejarle el piso con el tufo del tabaco, ya tiene bastante con cómo estamos poniendo esto, es lo que tiene meterse en reforma, que sabe uno cuando empieza pero no cuando acaba. Sí, mire, los políticos, ahora con las promesas, después de haber hecho lo justito por no decir nada para salir de la crisis, que si yo le contara lo que hemos pasado en mi gremio se ponía usted a llorar, fíjese que en mi familia vivimos todo de esto, de hacer arreglos en casas y en pisos, éste de ensolador, aquél de charolista, el otro electricista, y hubo un par de meses, creáselo usted, que estábamos todos parados, que no nos llamaban de ningún sitio, cuando hacía muy poco estábamos rifados ahí en el barrio nuevo que han hecho al lado de las piscinas del Círculo de la Amistad o en la Carrera del Caballo. Anda, hablando del rey de Roma. Qué dice aquí éste, que ahora se ha metido a político. Mire, que da por hecha una mayoría absoluta. Eso es lo que tenía antes Rosa Aguilar, ¿no? Bueno, hasta que se cambió de acera, a ver cómo me explica usted que ahora esté la señora, mírele en esta foto, haciéndole la cama al candidato del partido que antes era su enemigo. Y va “Sandokán” y dice que va a arrasar. Tiene gracia con eso de la marabunta, aquí lo han escrito con letras grandes. Si me acuerdo yo de la película ésa de las hormigas. Qué agobio. Eso es Córdoba al fin y al cabo: hay demasiadas hormigas para tan poco hormiguero. Demasiados curritos para tan poco trabajo que hay. No se extrañe, le digo, de que la gente acabe votando a quien le promete un plato de comida».



