Muchos años después, en su tranquilo retiro costasoleño de este fin de semana, Ricardo Rojas había de recordar, a preguntas de ABC, el día en que tuvo bajo sus órdenes al político que daría a su partido una mayoría absoluta en el Ayuntamiento y otra en la Diputación Provincial.
Han pasado casi veinte años y el más veterano de los concejales de Córdoba evoca a aquel jovencísimo José Antonio Nieto que llegó «con muy buenas referencias» como asesor del grupo popular en la Diputación, cuyo portavoz era precisamente Ricardo Rojas. «Lo acogí con mucho interés, porque me habían hablado muy bien de él. Se le veía con desparpajo y vocación de político», recordó Rojas, que dijo sentirse por ello «doblemente satisfecho» de su llegada ahora a la Alcaldía.
La historia es bien conocida: Nieto llegó al PP procedente del Centro Democrático y Social (CDS), al que se había afiliado por su admiración a su fundador, Adolfo Suárez. No estuvo demasiado tiempo en la institución provincial, pero de él recuerda Ricardo Rojas su «sentido común» y también sus «condiciones innatas en la política».
Por aquellos años se forjó en más sitios, como la Fundación Popular Iberoamericana, que dirigía José María Robles Fraga, aunque otro de sus destinos importantes estuvo en Sevilla, de la mano de otro político cordobés que venía del CDS: Juan Ojeda, a la sazón secretario general del PP andaluz.
Del paso por su gabinete, Ojeda recuerda a un joven que apenas rebasaba el cuarto de siglo de edad «con mucho sentido común, superior a lo normal a esa edad».
Moderación
«Como corresponde a su paso por el CDS, era una persona muy moderada, con una gran capacidad de trabajo», evoca, para después insistir en su «sensatez y facilidad de trato». La pregunta se impone: ¿Avanzaba ya las cualidades que le convertirían en alcalde de Córdoba? No tanto como eso, pero Juan Ojeda sí que le veía como uno de los hombres que podían ser claves para el PP de Córdoba. Para forjarse aquel presente y cimentar el futuro que cristalizó el domingo, la vida exigió a Nieto grandes esfuerzos desde muy joven. Se levantaba a las seis de la mañana para tomar el autobús en su Guadalcázar natal y llegar a Córdoba, donde estudiaba el Bachillerato en el Instituto Maimónides a fuerza de becas y de pasar el día fuera de casa.
La economía de su casa no le permitía estudiar Arquitectura, su gran sueño, así que se quedó en Córdoba y se licenció en Derecho, donde desarrolló su pasión por la política. Del resto se conoce casi todo, incluido el viaje a Moscú del que tan grato recuerdo guarda y sus vacaciones en la luminosa costa gaditana. Falta algo: la forma en que aquel joven talento acostumbrado a escalar montañas afrontará la gestión de una ciudad habituada a las decepciones morales y a las bancarrotas económicas.



