Una vuelta a los orígenes, a lo que hay de bueno en lo antiguo sin escuchar los cantos de sirena de aquello que, por ser nuevo, sólo quiere tirar del hombre sin ofrecerle nada bueno, o nada mejor de lo que ha dejado atrás.
El escritor y articulista Juan Manuel Prada hizo ayer una particular visión del peridismo en la tercera de las conferencias «Todos con 2016», con las que ABC está apoyando la candidatura de Córdoba a Capital Europea de la Cultura. A su juicio, y frente al auge de las nuevas tecnologías, el periodismo deberá sobrevivir recuperando el gusto por lo bien escrito y géneros clásicos como la crónica, el análisis o la entrevista larga y en profundidad.
Ante una repleta Ermita de la Candelaria, Juan Manuel de Prada comenzó asegurando que el mundo actual está «inmerso en un cambio de era, que es algo mucho más profundo que una crisis económica». «De nosotros depende que de aquí salga algo mejor o peor», dijo.
En este mundo está el periodismo y en concreto la prensa escrita, de la que se viene profetizando su desaparición «desde la aparición con Internet». Pero él aclaró que no participa de este teoría, y hasta piensa que la prensa escrita puede sobrevivir mejor que la televisión y la radio, que tienen un peligro: «la pantalla única de televisión y ordenador, que terminará por imponerse».
Recordó como los periódicos siguen siendo los grandes medios de referencia para los demás y cómo en Internet en muchos casos se glosan los contenidos de la prensa escrita.
En la genealogía
Para ilustrar lo que sucede puso ejemplos, como el de la familia, «que por mucho que se la critique, que se diga que está anticuada, sigue existiendo» y el hombre se sigue refugiando en ella. Eso pasa, recordó, porque la familia forma parte de nuestra relación el mundo, «de la genealogía cultural y moral». Aquí está también, «la cultura escrita y la lectura, que acompañan en la vida», al contrario de las tecnologías, «que van por delante».
El problema con el periodismo, afirmó, es que «se ha dejado tiranizar por la tecnología». No dejó de criticar que los periódicos ofrezcan en Internet gratuitamente unos contenidos por los que se paga en papel, pero sobre todo habló de los contenidos. «Algunos periódicos parecen que están hoy dirigidos a subnormales; todo está muy masticadito, hay mucha pildoritis, con cosas muy pequeñas», resumió, no sin crudeza. Frente a esa tendencia de buscar un público que lee poco, invitó a buscar a quienes sí leen y a ofrecer textos más largos y elaborados, como «la vieja crónica, el reportaje, el análisis, y todo con excelencia literaria».
Para ello puso ejemplos clásicos, como las crónicas parlamentarias que en ABC firmaron grandes escritores como Azorín y Wenceslao Fernández Flórez. No pasa lo mismo ahora, donde en muchos medios se notan lagunas de gramática y sintaxis. «El periodismo deberá recoger además el pálpito de la calle y no estar demasiado burocratizado. Ya no hay reporteros que salgan a la calle a buscar noticias, como antes».
Juan Manuel de Prada lo resumió diciendo que la prensa escrita que venga deberá ser «algo que sea antiguo y nuevo a la vez», como se presentó Rubén Darío. Para comprobar la vigencia de un género tan clásico como la crónica, recordó cuándo pasó casi un mes en Roma para cubrir para ABC la muerte y funerales de Juan Pablo II y la elección como Papa de Benedicto XVI. «Allí lo que hacía era lo que había leído, crónicas de la calle, del ambiente que se veía en Roma, de lo que yo veía que estaba pasando. Llevo escribiendo en ABC desde el verano de 1995, pero estas crónicas son lo que tuvo más éxito entre los lectores», relató.
Con estos argumentos concluyó que en la vida sobrevivirán «las cosas esenciales, aquellas en las que nos podemos reconocer, y entre las que está la prensa escrita». Al terminar su conferencia se abrió un coloquio, que abrió el director de ABC Córdoba, Francisco J. Poyato preguntando si habrá lectores capacitados para el periodismo de alta calidad que él propone. «No hay que bajar el nivel de exigencia. La Iglesia lo bajó pensando que se acercaría a la gente y fue al contrario, porque puede ser que no se dé valor a aquello que no exige demasiado», concluyó.



