—¿Qué mensaje quiso transmitir a los 150 participantes vinculados al mundo empresarial cordobés que acudieron el jueves a la jornada «Management Meeting» de ETEA?
—Que depende de ellos mismos salir adelante y que las empresas familiares son una fuente insustituible de creación de riqueza y empleo estable. Se trata simplemente de conocer los retos para buscar soluciones. El problema no es que haya problemas. Es que no haya soluciones y soluciones hay. Hay que potenciar al máximo las fortalezas: que las empresas familiares las tienen, porque son firmas con valores, que saben transmitir a la siguiente generación la importancia del esfuerzo, de la dedicación, de la flexibilidad para adaptarse a entornos permanentemente cambiantes y, sobre todo, la visión a largo plazo.
—Hay expertos que aseguran que las empresas familiares resisten mejor esta recesión. ¿Es un tópico?
—Sus virtudes, como la visión a largo plazo, y el hecho de que muchas de estas empresas hayan sido muy conservadoras, no hayan querido endeudarse más, y hayan reinvertido sistemáticamente sus beneficios hacen que ahora dependan menos de financiación externa, que está cerrada. Y eso las sitúa en una situación de menor vulnerabilidad que otras que estaban excesivamente apalancadas.
—¿Qué es más peligroso para la supervivencia de una firma familiar: el proceso de sucesión o la recesión?
—Lo más peligroso, probablemente, sea la confluencia de ambos factores, que, en muchos casos, se está dando. Se junta la complejidad del relevo generacional, con todo lo que implica, con la necesidad de reinventarse, porque se está operando en nichos de mercados maduros, que exigen una revitalización estratégica o una apuesta por la internacionalización.
—¿Hasta qué punto necesita una empresa de este tipo dotarse de un protocolo familiar, que fije las relaciones entre empresa y familia o que ordene la sucesión?
—Es una herramienta extremadamente útil y, si se hace bien, es un instrumento para la continuidad de primer orden. Pero hay mucho desencantado del protocolo, pues cree que con elaborarlo ya se han hecho los deberes. Y esto son deberes para toda la vida. O sea, tienes que establecer unas reglas del juego, que se vivan, que evolucionen con la familia y con la empresa, y que se interioricen para que te den mecanismos para pasar por las situaciones que tengas que pasar con mayores garantías de éxito. La clave está en entender el protocolo como una herramienta útil, pero viva; no estática. Eso es crítico, para que cumpla su virtualidad.
—¿El protocolo es también vital para la supervivencia de las pequeñas empresas familiares?
—Sí, porque en el momento en que están conviviendo empresa, familia y patrimonio el tamaño no importa. La necesidad de entenderse y de impulso es la misma.
—En Córdoba, la Cátedra Prasa asesora desde hace once años a las empresas familiares. ¿Son importantes este tipo de instituciones?
—Son muy importantes. Aportan muchísimo valor y son punto de encuentro del mundo de la empresa con el académico, lo que es muy fructífero. Y la Cátedra Prasa es una de las más activas en esta materia. Está haciendo una grandísima labor.
—¿Qué impresión tiene de las empresas familiares cordobesas?
—Hay grandes empresas cordobesas. Y hay empresas de menor tamaño, pero muy competitivas y con productos de altísima calidad. Creo que la perspectiva es ilusionante y todo lo que se haga por apoyarlas, teniendo en cuenta el peso específico que tienen, merece la pena.



