Las ciudades patrimoniales, y Córdoba es una de ellas, y de entre las más importantes, tienen el riesgo de que la gloria de lo que han recibido del pasado les tape la puerta por las que tiene que entrar la cultura actual y también la del futuro. De hecho, esta es una de las recomendaciones que el Comité de Selección hizo a la ciudad tras conocer el proyecto según se presentó en el pasado mes de septiembre.
Cambiar la forma de ver el arte de la ciudad no es algo que se improvise, pero en Córdoba tendrá una aliada clara en algo de lo que se lleva hablando mucho tiempo aunque no se sepa si termina de llegar o cómo lo hará. Se trata de la colección Circa XX, propiedad de Pilar Citoler, que tiene intención de cederla a la ciudad y que ya ha mostrado en varias ocasiones una parte de su rica obra.
La historia comenzó en 2005, cuando la Diputación y la Universidad de Córdoba organizaron en la Sala Puerta Nueva una exposición con parte de sus obras. Desde hace décadas, Pilar Citoler había formado una importante colección con la mayoría de los grandes autores del siglo XX en todo el mundo. Había pintura sobre todo, pero también fotografía, escultura y nuevos soportes. La muestra recogía un simple extracto, con autores como Tapies y Warhol, pero sirvió para algo fundamental: que la ciudad y la coleccionista se conocieran.
Poco después, la Universidad organizó por primera vez el Premio Pilar Citoler de Fotografía Contemporánea, uno de los más prestigiosos que se conceden en España. La ambición de su propuesta, ya que sólo se concede a autores que acrediten una amplia trayectoria y la calidad e innovación de las obras presentadas han convertido a Córdoba en un referente en este ámbito. Poco después, hacia 2007, comenzaron las conversaciones entre Pilar Citoler y la ciudad para ceder la colección y permitir su exposición permanente.
Una de las mecenas fue la entonces ministra de Cultura, Carmen Calvo, quien insistió en la idea y llevó al Consejo de Ministros que se le concediera a la coleccionista la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. El guante lo recogió en Córdoba la Universidad, que era quien más contacto había tenido con Citoler, y comenzó el contacto con las instituciones para buscar un lugar en que mostrar la colección.
La idea original era que fuese al futuro Museo de Bellas Artes, un edificio que tenía que sustituir al antiguo Hospital de la Caridad y que se tiene que construir en el Campo de la Verdad, junto a la Calahorra. Carmen Calvo había previsto que este centro tuviese en el futuro dos áreas: una dedicada a la colección actual del Museo y otra para la de Pilar Citoler, con toda su aportación contemporánea.
Aunque los Presupuestos Generales del Estado habían consignado cantidades sucesivas, lo cierto es que el Ayuntamiento nunca acometió la expropiación de los edificios para disponer de todo el suelo, con lo que el proyecto sigue a la espera.
Eso no fue óbice, sin embargo, para que Córdoba conociese lo que podía llegar. En el invierno de 2009, varias instituciones se unieron para la exposición «Modern Starts», que hizo un recorrido por toda la colección en cinco salas: Vimcorsa, el Teatro Cómico, la Diputación Provincial y la Sala Museística de Cajasur.
En ella los cordobeses tuvieron acceso a un abanico artístico muy amplio. Para empezar, estaban los grandes nombres que identificaban la colección, desde Warhol y Tapies hasta Picasso, Miró, Barceló y Francis Bacon. Sin embargo, el visitante se podía encontrar también con fotografía contemporánea, y además en novedosos formatos, videocreaciones y arte interactivo.
La colección de Pilar Citoler no era, de esta forma, un simple atractivo turístico, sino sobre todo una vía para que los ciudadanos de Córdoba tuvieran acceso al arte contemporáneo y supieran apreciarlo. Nada ajeno al espíritu de una urbe que había tenido innovadores de su época como Julio Romero de Torres o el Equipo 57, pero que en los últimos tiempos había vivido algo de espaldas a la realidad.
Las conversaciones se intensificaron entonces, pero no hasta el punto de que se llegase a anunciar el momento en que Circa XX llegaría a Córdoba. El problema es la sede y para eso hay que contar con la Junta de Andalucía, que es quien tiene la competencia en museos. Aunque se pidió el Centro de Creación Contemporánea, en el que la Administración autonómica está invirtiendo una fuerte suma, la Consejería de Cultura se negó en redondo por no ser un espacio pensado específicamente como museo.
La negociación sigue en marcha con varias opciones. Por un lado, la Junta propuso el Teatro Cómico Principal y anunció que abriría en él una sección contemporánea del Museo de Bellas Artes. Con eso intentaba atraer allí la colección Circa XX, aunque ni a Pilar Citoler ni a la Universidad les parecía muy apropiado este espacio. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Córdoba había ofrecido la planta alta de Caballerizas Reales, que aunque necesitaba acondicionarse para ello sí era del agrado de la propietaria. Las negociaciones siguen en marcha después de varios años, sin demasiados avances, aunque también sin perder la esperanza. Lo ha declarado en alguna ocasión la propia Pilar Citoler: «Si después de tanto tiempo seguimos así, será que tengo algún interés en que la colección venga a Córdoba».




