Se acaban de cumplir veinticinco años del fallecimiento del veterinario y humanista cordobés Rafael Castejón y Martínez de Arizala (1893-1986), personaje clave en el mundo de la intelectualidad cordobesa desde los años treinta hasta su muerte y cuyo carácter influyó en los usos y tiempos de aquella Córdoba. Experto arabista, arqueólogo, académico y político republicano, su nombre se vincula, sobre todo, a la Facultad de Veterinaria, orgullo universitario de Córdoba.
Nacido en esta capital, alienta su vocación veterinaria en las enseñanzas recibidas de su maestro Hernández Pacheco. Finaliza sus estudios con premio extraordinario en 1913. Veterinario militar con vocación profunda por la zootecnia equina, introdujo importantes innovaciones, combinando el estudio de la etnología con la zootecnia y trabajando en afecciones infecciosas y parasitarias. Las ciencias veterinarias le deben avances en el estudio de bacterias y virus, así como en el desarrollo de tecnologías propias para la fabricación de vacunas y sueros.
Fue Castejón presidente del Colegio Provincial de Veterinarios, director de la Escuela de Veterinaria, colaboró en la creación de la Dirección de Ganadería y del Instituto de Zootecnia y participó en numerosos congresos y reuniones científicas, promoviendo revistas de divulgación de la zootecnia. Fue también director de la Yeguada Militar de Moratalla. En su faceta política, republicano liberal, se vinculó al partido de Lerroux y con él fue director General de Sanidad en 1935. Tras el Alzamiento fue encarcelado un tiempo hasta ser rehabilitado en su plaza de Veterinaria.
Córdoba era desde 1847 sede de una de las cuatro Escuelas Universitarias de Veterinaria que había en toda España y la única en Andalucía. Su primer objetivo fue investigar, mejorar, difundir y apoyar la cría del caballo, animal del cual Córdoba era principal capital en el país desde tiempos remotos. Su edificio estaba cerca del antiguo convento de Regina, en el barrio de San Pedro, hasta que en 1936 se trasladó a una nueva sede en la Avenida de Medina Azahara.
Según proyecto del arquitecto Gonzalo Domínguez, se realizaron estas obras de Veterinaria, concluyéndose en 1936 y la Escuela recibió la categoría de Facultad en 1944. Numerosos profesores y alumnos venidos de diferentes puntos de España, han dado prestigio a sus aulas y de ellas han salido varios de los rectores de la Universidad de Córdoba.
El edificio en sí es una de las tarjetas de visita arquitectónicas de la ciudad. En opinión del catedrático de Arte Alberto Villar, es el conjunto más importante de la arquitectura regionalista cordobesa, combinando el uso del ladrillo, piedra y azulejo. Las formas de los arcos, con dovelas de dos colores, aluden directamente al modelo de la Mezquita y domina en el conjunto un tono neomudéjar. Importantes también son sus bellos jardines, tanto por su trazado como por el seto de boj y arrayán. Las exigencias de los tiempos han aconsejado a la Universidad trasladar la Facultad de Veterinaria al Campus de Rabanales y, para no desaprovechar este noble edificio, instalar en él el Rectorado.
Polifacético, Rafael Castejón, como amante de la historia y de la arqueología, en el campo del arabismo cordobés, destacó también por su labor de investigación arqueológica y humanística, realizando importantes estudios sobre la Mezquita y Medina Azahara. Fue miembro de la Real Academia de Córdoba desde 1917 y su director entre 1957 y 1980, marcando toda una etapa de esa institución.
Buen conocedor de la ciudad y la ciudad buena conocedora de él, Castejón fue quien dijo que «Córdoba es madrastra para sus hijos y madre para los de fuera». Un busto suyo se le erigió, aún en vida, en los jardines de su Facultad de Veterinaria en la inauguración del curso 1985-86, poco antes de su muerte, acaecida en Córdoba el 15 de junio de 1986.
POR JUAN JOSÉ PRIMO JURADO




