CÓRDOBA
Alguien con un oído demasiado crítico podría haber llegado a la conclusión de que el acto de ayer era, en realidad, una ceremonia de autolegitimación. Para buena parte de los presentes había mucho que celebrar —por ejemplo, que acababa la era del PSOE y que una mujer se hacía con las llaves de palacio— pero por momentos dio la impresión de que el acontecimiento que merecía una sonrisa era que la Diputación seguía existiendo y que había acuerdo de que siguiera haciéndolo. «La provincia existe», reivindicó en su discurso Andrés Lorite, y a fe que nadie le contradijo. En primera fila escuchaban, y asentían, los ex presidentes Diego Romero,José Miguel Salinas, Julián Díaz, Rafael Vallejo, José Mellado y Francisco Pulido. En el plantel sólo faltaba Matías González.
La anécdota de la sesión estuvo en Rafael Gómez, el empresario imputado por el caso Malaya que esta vez sí dio el bastón de mando a quien presidirá los plenos. El líder de Unión Cordobesa, que presidió la mesa de edad junto a la popular Rocío Soriano Castilla(la más joven de la corporación), fue el encargado también de colgarle la medalla institucional a cada miembro del nuevo Pleno. Cumplió su función con corrección y sin estridencias en un auditorio repleto de asistentes que rompió en un aplauso cerrado cuando María Luisa Ceballos mostró su bastón de mando para dirigir la novena corporación provincial.



