El laudista Edin Karamazov ha impartido un curso sobre la aplicación del laúd a la música de concierto
Día 08/07/2011 - 09.20h
Sus dedos parecen multiplicarse cuando pulsa las cuerdas de su laúd. Entonces, el tiempo parece ralentizarse, transportando a otras épocas a quienes escuchan su melodía El músico bosnio Edin Karamazov ha recalado en el Festival de la Guitarra como docente y artista, puesto que, además de impartir un curso, actuará esta noche en el Teatro Góngora, donde ofrecerá un atractivo programa titulado «Made in silence». Presentará versiones de los «Paisajes cubanos», del maestro Leo Brouwer y el resto del recital estará dedicado a obras de Johann Sebastian Bach.
El artista, encantado de estar en «unas de las ciudades más bonitas del mundo», destacó ayer el papel de este enclave en la historia del laúd. Así, recordó que el músico iraquí Zyriab hizo algunas modificaciones en el instrumento, de origen árabe, y lo introdujo en Europa a través de la Córdoba andalusí, donde tomó su nombre actual, que viene del árabe «al-×ud».
En este sentido, Karamazov rechazó que el laúd sea «el hermano pobre» de la guitarra. «Aunque sí es cierto que está menos integrado», dijo.
Desde la pasada década, este músico está considerado como uno de los intérpretes más apasionantes y carismáticos del laúd a escala mundial, una posición privilegiada y asentada en las excelentes críticas recibidas en Europa y América por su virtuosismo.
Además de su brillante carrera en solitario, el músico bosnio es conocido también por sus colaboraciones con grandes figuras como el contratenor Andrea Scholl o el polifacético Sting, junto al que grabó las canciones del compositor inglés de la corte de Isabel I de Inglaterra John Dowland en el disco «Canciones desde el laberinto», un superventas que contribuyó al reconocimiento internacional del laudista.



