Córdoba

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Una vida torneada en barro

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La Asociación de Ceramistas homenajea a Anselmo Muñoz, un hombre enamorado de este oficio

Día 17/07/2011 - 09.00h

La de Anselmo Muñoz se puede catalogar como una vida dedicada en cuerpo y alma a su gran pasión, la alfarería. Aún hoy, con 86 años, su voz se apasiona contando cómo comenzó a realizar las primeras piezas de cerámica en el negocio que su padre regentaba con tres socios más en el año 1933.

Eran tiempos difíciles en los que todo se hacía de manera manual. El torno también funcionaba a base de «patadas» con la pierna y ya él con apenas diez años se subía encima llevado por unas ganas inmensas de moldear el barro.

A lo largo de su vida ha conocido la inmensa evolución de un trabajo que se convirtió en referente internacional para La Rambla. Desde la rudimentaria «pisa» del barro para eliminar las impurezas y permitir que luego fuera más fácil de trabajar, hasta la llegada de los tornos mecánicos que significaron todo un alivio para el esfuerzo físico.

En sus primeros orígenes sólo recuerda que hubiera ocho o diez alfarerías en el municipio, una cifra nada comparable con las 120 que llegó a haber durante el boom que experimentó este sector económico en la década de los ochenta. A este respecto, Anselmo reconoce que 120 eran demasiadas fábricas para mantenerlas ahora con la aguda crisis económica que se dejó caer hace unos años.

El botijo era la pieza clave en sus inicios y también cuando ya fundó su propio negocio, que heredó de su padre junto a algunos de sus hermanos. Junto al clásico porrón rambleño, también la típica macetilla para el gazpacho, la jarra de cuatro picos, los lebrillos o los morteros. Asimismo recuerda cómo se vendían muy bien piezas en miniatura para los niños como pequeños botijos, campanillas o huchas.

Y para vender la producción se valía de algunos representantes por diversas provincias de Andalucía que buscaban clientes. Luego, él mismo, cargaba la mercancía en un camión y la llevaba hasta los puntos de venta en lugares tan distantes como Granada, Loja o Utrera. Si bien, eso ya fue algo más tarde porque en la década de los cuarenta incluso se trasladaban con un carro tirado por mulos para vender en la calle en municipios como Priego o Baena.

Aunque en aquellos tiempos había competencia entre los alfareros parece ser que no era tan afianzada como ahora. Anselmo recuerda que había mucho compañerismo y cuando a alguno le hacían falta algunos productos siempre había un buen amigo que lo suministraba. En este aspecto recuerda a otros viejos alfareros como Antonio Fernández (El Niño la Jarra), Rafael Urbano (El Coco) o Alfonso Alejandrez (El Choli).

A lo largo de su dilatada carrera Anselmo el de la Casa Grande, como se le conoce en La Rambla, ha participado también en la Exposición de Cerámica en la que ha conseguido premios en distintas categorías.

Al día de hoy y después de haber conocido su designación como alfarero honorífico afirma con rotundidad que su principal honor es haber convertido la cerámica en la gran pasión de su vida.

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