Córdoba

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Engullidos por el tiempo

Los años han sepultado los escenarios de la contienda en la ciudad, que vio su único combate al final de Gran Capitán

Día 05/08/2011 - 09.50h
Engullidos por el tiempo

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De un monolito a otro. Los que ahora tienen unos treinta años recordarán con claridad una pequeña columna coronada con un águila que había en la esquina entre Ronda de los Tejares y Gran Capitán, junto a El Corte Inglés. Recordaba a Juan Palma Carpio, el soldado fallecido el 18 de julio de 1936, cuando una columna compuesta por soldados del Regimiento de Artillería Pesada 1 y varios civiles armados intentaba lograr la rendición de las autoridades de las instituciones republicanas, que resistían en el Gobierno civil, situado en el que hoy se conoce como edificio Duque de Rivas.

Fue uno de los pocos capítulos de la Guerra Civil en el casco urbano de Córdoba. Aquel monolito que recordaba al soldado nacional caído se retiró en el verano de 1999, por orden de Andrés Ocaña, que en aquellos momentos era alcalde incidental de la ciudad en ausencia de la flamante regidora, Rosa Aguilar. Ahora está en Cerro Muriano.

El círculo se cerrará ahora, porque pocos metros más allá habrá que señalizar aquel mismo acontecimiento histórico, aunque desde una perspectiva opuesta: la de honrar la memoria de quienes allí intentaron defender la legalidad republicana. Será la forma de dar cumplimiento al decreto de la Junta de Andalucía que obligará a destacar los lugares que tuvieron protagonismo en la Guerra Civil y en la dictadura. El alcalde, el presidente de la Diputación y el gobernador civil se atrincheraron en el último edificio de Gran Capitán, asediados por las tropas rebeldes, hasta su rendición, con lo que desde el primer momento los franquistas tomaron el control de la situación en Córdoba. Los incendios de San Agustín y Santa Marina y el conato en San Pedro estuvieron entre las pocas respuestas al golpe.

Los bombardeos

No fue definitivo. Pocos meses después, la aviación republicana intentaba retomar la ciudad y lo hizo mediante bombardeos que acabarían por causar 300 muertos entre la población civil.

Sin frente como tal al menos en sus cercanías, los lugares de la memoria serán los escenarios de la represión, en particular de los fusilamientos, que tuvieron como escenarios los cementerios. Aquí no sería demasiado necesario, habida cuenta de que el Ayuntamiento ya colocó los Muros de la Memoria con los nombres de todas las personas que murieron.

El decreto no sólo prevé recordar los lugares con protagonismo en la Guerra, sino también en la dictadura. La antigua Prisión, en el barrio de Fátima, ahora demolida, recibió a muchos de los presos políticos, encarcelados por su lucha contra el franquismo. La Junta prevé que si los lugares no sobreviven, al menos se dé constancia de que estuvieron allí, algo que sería aplicable a los solares donde estuvieron la Prisión Provincial y el Gobierno Civil.

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