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La Madre del mundo

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La Virgen del Tránsito salió ayer un día antes de lo habitual en procesión arropada por banderas y vítores internacionales

Día 15/08/2011

Habrían pensado las cigüeñas que adónde iría tan temprano, si no fuera porque ayer no estaban sobre la espadaña cuando temprano salió. Se preguntarían los naranjos por qué caminaba entre multitud desde hace años no vista. Y luego se darían cuenta. Era una bulla que nunca se vio. Una devoción inédita, muy joven, que se asombraba al paso de la Virgen y dejaba estupefacto a quien acostumbra a ver esta procesión en su tradicional ambiente de pueblo en la ciudad. Con sus pequeñas y sus grandes cosas.

Pronto hallaron respuesta. La Virgen del Tránsito salió ayer en procesión extraordinaria para festejar con los suyos el encuentro de los jóvenes del mundo con el discípulo de su Hijo. Con la Piedra en la que construyó su Iglesia y en la que María sembró siempre las más bellas flores, que arraigaban en la roca de la que también mana el agua. Más flores incluso que las que ayer llevó en torno a su sueño cuando dejó San Basilio un día antes de lo habitual y a horas no acostumbradas. A sus pies había nardos y longiflorum. Y las campanas repicaron a gloria pronto. La víspera de la Asunción fue fiesta grande en el Alcázar Viejo, donde la procesión con la Virgen de Acá comenzó a las siete de la tarde rodeada de un gentío internacional, multicultural, con banderas y pancartas, con mochilas, cámaras de fotos que se habrían quedado sin carrete en otros tiempos.

No daban a basto a tomar imágenes de lo que para los peregrinos de la JMJ era un acontecimiento muy extraño pero, por sus caras, agradable.

Esperaba la Catedral a no muchos metros, lo que permitió que, lejos de lo acostumbrado, la Virgen estuviera en la calle siempre con la luz del sol. Para Ella hubo como siempre una melodía tras de su paso. Tubamirum, de Cañete de las Torres, le cantaba «Coronación de la Macarena», «Pasa la Virgen Macarena», «Encarnación Coronada», «Esperanza Macarena» y otras marchas de muy buen gusto. Las primeras levantás fueron motivo de asombro en San Basilio, y los costaleros un objeto de deseo para las cámaras de fotos. En realidad todo era una novedad. Por eso, en el desconocimiento de lo que veían, los peregrinos acompañaban con palmas algunas marchas, aunque también por poca costumbre y respeto a lo desconocido, ni fueron de espaldas delante del paso ni se metieron delante de la banda. Muchos optaron por incorporarse cual penitentes con sus banderas, que ondeaban y levantaban cuando lo hacían los costaleros.

Cuando la banda callaba, en las aceras cada cual le cantaba lo que es propio de su país, como hicieron los franceses en Amador de los Ríos. Los argentinos vitoreaban «¡Viva la Virgen!», los coreanos «¡Viva María!», y respondían decenas entre el público, desde donde se escuchaba de nuevo otro «¡Viva la Virgen!». En el Campo Santo de los Mártires se unieron decenas de personas a las que ya venían con sus banderas detrás de la procesión, y en Amador de los Ríos eran eso, ríos de personas y de idiomas y de acentos los que pasaban junto a la Virgen. Polonia, Australia, Francia, México, Italia... detrás de Ella. Y cordobeses, también, aunque eran minoría.

Por el Triunfo de San Rafael y la Puerta de Santa Catalina llegó al Patio de los Naranjos y a la Catedral. En la Capilla de Villaviciosa no se rezó el Santo Rosario como estaba previsto, sino que hubo un acto mariano sencillo con el canto del Salve Regina por el coro del Seminario. Aunque ayer se asomó a los balcones y también a algunas esquinas, el pueblo de toda la vida se echará a las calles hoy para llevar a Nuestra Señora de la Catedral a su casa a las 20.00 horas y hacer lo que ayer el mundo. También le dirá ¡Viva la Virgen! Pero, ¡Viva la Virgen de Acá!

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