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Adiós con el corazón

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Decenas de autobuses llevaron a Madrid a cordobeses y extranjeros, que elogiaron a la ciudad antes de marchar

Día 16/08/2011 - 09.01h

Cuando acabó la Eucaristía, el alimento del alma, había que dar de comer al cuerpo. Por eso ayer desayunaron los peregrinos cordobeses y extranjeros antes de ir a Madrid en decenas de autobuses que se fueron llenando de maletas, buenos deseos y sonrisas por la aventura que continuaba después de varios días intensos.

El Fontanar fue un gran comedor en la que se repartieron miles de bolsas con pan, aceite y azúcar, zumos y batidos. Poco a poco, cuando acababan de comer, iban saliendo los peregrinos hacia los aparcamientos donde estaban los autobuses. Se escuchaban cantos, panderetas, sevillanas que un grupo bailaba.

Se despedían de la ciudad, de la provincia, de los religiosos en cuyos colegios o comunidades han vivido, de las familias que les han acogido y todos marchaban indicando lo bien que lo han pasado.

Ana Sofía de la Garza, una chica mexicana de 24 años, hablaba sobre lo «maravillosamente» que las Mercedarias han tratado a ella y a sus compañeras. Han sido 23 personas de México las que han dormido en el colegio religioso, donde ya el primer día les dieron galletas y chocolate. Aunque hubo luego más. Tanto ella como otras personas que han pasado unos días en Córdoba destacan lo referente a la gastronomía. Ana Sofía casi saltaba de emoción cuando recordaba que había probado «paella, salmorejo y gazpacho». Su compañera Blanca Carrales, de 17 años, también de Saltillo-Coahuila, explicaba que todo lo vivido en Córdoba le resultaba «muy padre, con diferentes gentes de los países, unidos».

En un buen español, Maroussia, una chica belga, destacaba las bondades de la capital. «Me encantó la Catedral, es maravillosa», decía después de dejar claro que «nos han tratado como a reyes en las Mercedarias».

Rocío Rodríguez, de San Agustín, provincia de Córdoba de Argentina, tampoco se iba descontenta. Se refería a Córdoba como una ciudad «muy linda en su historia y monumentos», por lo que se mostraba «muy contenta de estar acá» a la vez que «con muchas ganas de vivir la experiencia de ir a Madrid, eufórica».

Esa experiencia es la que también vivieron los cordobeses que han viajado para ver al Santo Padre. Algo más tarde que los extranjeros salían en diez autobuses. Muy contentos guardaban las maletas y charlaban con las banderas de España y las camisetas personalizadas.

Con ilusión

Con amigos de Lucena iba Araceli Barbancho, de 16 años, que esperaba que la JMJ le aportara «fe» y la experiencia de «convivir con personas en otros países que piensan igual que yo». Y eso es lo que conseguirá, según el testimonio de quienes han ido a Madrid para repetir lo que ya vivieron en otra Jornada.

En Colonia estuvo Javier Arellano, de 23 años, que quería vivir una Jornada Mundial en España y opina que esta esla mejor ocasión. Para Javier, la experiencia en Alemania fue muy buena, espiritualmente «me marcó», cuenta. En esta ocasión, «no creo que me cambie porque ya llevo muchos años en esto, pero es una manera de vivir la fe», comentaba.

Cuando todos subieron a los autobuses comenzó el viaje a Madrid. Los cordobeses llegaron pasadas las cinco de la tarde. Durante su estancia en aquel lugar dormirán en un polideportivo de Leganés. Javier Arellano contaba que «vamos en sacos de dormir, no es lo más cómodo, pero merece la pena».

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