Desconocida casi por completo como administración, aunque muy apreciada y tenida en cuenta por los servicios que presta a los ciudadanos. Ésa es, al menos, la visión que tienen de la Diputación Provincial de Córdoba los habitantes de Los Pedroches, donde este periódico ha querido pulsar el sentir del cordobés medio hacia la institución cuya sede se ubica en el Palacio de La Merced, en pleno corazón de la capital.
Trasladando el ejemplo al cine, su situación es bastante similar a la de numerosos actores secundarios —sin los que una película quedaría plana y falsa por completo— a los que el gran público es capaz de reconocer al verles la cara, les encanta su trabajo pero son incapaces de retener sus nombres.
Y, en este sentido, de todo hay, como en botica, que dice el sabio refranero castellano. Desde los que plantean un «no» rotundo cuando se les pregunta si conocen la Diputación, hasta los que responden con un tímido «un poco» y llegando a los que aseguran estar empapados acerca de esta administración que recientemente ha cambiado de color y de manos pasando del PSOE al PP.
Pero lo más curioso de todo es que absolutamente nadie desconoce empresas como Epremasa, encargada de la recogida y tratamiento de residuos urbanos, o Emproacsa, responsable del ciclo integral del agua en la provincia, aunque más de uno se acabó sorprendiendo al conocer que ambas entidades públicas eran dependientes de la Diputación. Es el caso de Juan Hidalgo, natural de Dos Torres y repartidor de butano en la comarca. «¡Hombre! Esos servicios sí los conozco, pero no sabía que los prestaba la Diputación, aunque ahora que lo dices, en las facturas sí que aparece». En su caso, y teniendo esto en cuenta, consideró que la institución de marras «es necesario que se mantenga».
«Quizá no sobre»
Eladio Benítez, camarero en un bar de Alcaracejos, es harina de otro costal. Es perfectamente conocedor de la institución y, además, bastante crítico con ella. «Creo que hay demasiada gente trabajando en ella y hasta la fecha ha sido un verdadero cementerio de políticos». Sin embargo, no se supo decantar sobre si prefería que siguiera funcionando o que un consejo de alcaldes tomara las riendas de la provincia. Incluso llegó a insinuar la posibilidad de una Mancomunidad con más poder «a lo grande». Pero la Diputación «quizá no sobre», sentenció.
La situación de Rafael, un jubilado que no quiso dar a conocer su apellido, es bien notable. Asegura que de la Diputación no tiene ni idea, pero afirma, al mismo tiempo, que le tiene puesto un mote a su alcalde, Luciano Cabrera: «El pedigüeño». Y es que, según él, el regidor, siempre que viajaba a la capital, «le sacaba buenos dineros a Pulido».
Que cómo puede alguien no conocer la Diputación, aunque sí a su ex presidente es todo un misterio, pero la respuesta del propio jubilado es que «la televisión hace milagros».
Para Antonio Fernández, jardinero natural de Villanueva del Duque, la cosa está clara: está francamente contento con una administración de la que no conoce casi ni el nombre. «Los de la basura vienen a recoger incluso algunos días que ni les toca y habría que haber conocido cómo estaba la comarca en los años 70 (del siglo pasado) cuando tener un grifo era un lujo; ahora las cosas están muy bien y así tienen que seguir».
Desde la Mancomunidad, con sede en Alcaracejos, se lanza el mensaje de que las dos instituciones no se solapan, «antes bien, se complementan», en opinión de José Antonio Caballero, monitor deportivo. Por ello, consideró que la Diputación es «imprescindible», aunque sus múltiples servicios son del todo «mejorables».
Una opinión que no comparte José Antonio, un militar en la reserva que vive en Pozoblanco. «Se están duplicando servicios y lo que habría que hacer es recortar el gasto público, evitando al mismo tiempo el amiguismo». Eso sí, los servicios que presta son «útiles», consideró el militar, por lo que «habría que estudiar quién los podría dispensar una vez que se recortaran administraciones públicas».
En el mismo bar pozoalbense que el anterior charlan entre sí Antonio Amor y Pedro Mechán, ambos carpinteros metálicos que se acaban de quedar en el paro. Les pasa lo mismo que a la mayoría de los encuestados: el nombre, no, pero sí sus servicios, que les parecen bastante loables. «Quizá, a quien le corresponda debería de explicar mejor a la gente qué es eso de la Diputación Provincial, pero, por otro lado, también nosotros tenemos la culpa por no querer enterarnos y no esforzarnos para ello», confesó sabiamente.
Un «mea culpa» que entonó igualmente el propio Luciano Cabrera. «Me temo que no hemos sabido llegar en eso a la gente», reconoció.
POR J. M. C.
CÓRDOBA



