El Consistorio busca erradicar los excrementos con sanciones de hasta 300 euros para quienes no las recojan
Día 02/09/2011 - 10.07h
La voluntad del nuevo gobierno municipal de mantener limpias las calles no pasará por alto uno de los aspectos más recurrentes de la higiene urbana, tanto por la suciedad generada como por la ausencia de políticas eficaces que terminen con el problema. Se trata de los excrementos de los animales, especialmente perros, que los dueños dejan en las calles.
La Ordenanza Municipal de Control Animal, en vigor desde el año 1993, tipifica como falta grave «no proceder a la limpieza de las deyecciones de los animales por su propietario o detentador», según las instrucciones dispuestas en uno de los artículos del mismo texto. Las bolsas, que tendrán que estar «perfectamente cerradas», se tendrán que depositar en contenedores o «en su defecto, en papeleras». Las personas que no recojan los excrementos de sus perros afrontarán multas que estarán entre los 60 y los 300 euros.
Si el Ayuntamiento lleva a cabo su voluntad de cumplir con esta ordenanza, se intentará poner fin a un fenómeno que ha generado abundantes quejas de los ciudadanos sin que los sucesivos gobiernos municipales hayan optado nunca por las medidas represivas ni disuasorias.
A lo más que se llegó fue a campañas para hacer tomar conciencia a los propietarios. Así fue, por ejemplo, la que presentó la entonces alcaldesa, Rosa Aguilar, en el año 2006. Consistía en la creación de carteles pidiendo a los propietarios de los animales que recogieran sus heces y proporcionando además palas y bolsas para llevarlas a la papelera.
En aquel momento se repartieron 7.000 bolsas de este tipo y se habló de una patrulla de Sadeco que propondría las sanciones para quienes no cumplieran con la ordenanza municipal. Los carteles se colocaron en los parques y jardines públicos, pero los resultados de esta campaña, que pretendía llegar a todos los barrios con especial atención a Fátima y Ciudad Jardín como los más problemáticos, en realidad no supuso un número significativo de sanciones y tampoco se notó en las calles. A los pocos meses, las patrullas que tenían que vigilar que los dueños de los canes no dejaran los excrementos en la vía pública y tampoco en los jardines, desaparecieron sin hacer realizado demasiadas sanciones y, lo que es peor, sin conseguir su objetivo.
Los excrementos de los perros se siguen viendo en las calles, las quejas continúan y ahora el gobierno municipal decide hacer cumplir la ordenanza apelando por igual al trabajo de la Policía Local y a la colaboración de los ciudadanos, que podrán señalar qué zonas de qué calles presentan este problema.




