CÓRDOBA
Una abuela que pasea a su nieta por Colón se percata de que el carrito de la niña lleva un excremento pegado en la rueda. No le queda más remedio que hacer lo que el dueño del perro no ha hecho, retirarlo. Es una escena que se repite cada día en las inmediaciones de los parques, los arriates, las jardineras o las pequeñas plazas, y que pretende erradicar el gobierno municipal con la aplicación rigurosa de la Ordenanza de Control Animal, en vigor desde 1993.
Mariana, usuaria de ese parque, asegura que hace tiempo que no se ven muchos excrementos en este enclave, pero sí en las aceras. «Yo he tenido perros y siempre he recogido las cacas; no se puede dejar eso en la calle», asegura.
Eso mismo piensa Ana, otra cordobesa propietaria de un can que afirma que siempre lleva «una bolsita». Asegura que está totalmente de acuerdo con que se multe a quien no retira los excrementos, «porque eso nos da mala fama a todos los que tenemos perros».
El Ayuntamiento de Córdoba pretende hacer ahora lo que por desidia no se ha hecho en los últimos años, que es sancionar a aquellos propietarios de animales que no recogen sus deposiciones con multas que van de los 60 a los 300 euros. La ordenanza tipifica como falta grave «no proceder a la limpieza de las deyecciones de los animales por su propietario o detentador».
Enriqueta, sentada en un banco de Colón, también aplaude con entusiasmo la medida. A su lado, María, que empuja el carrito de su bebé, piensa lo mismo y añade que además de las cacas de los perros también deberían limpiar las de las palomas, «que dejan todo sucio y resulta antihigiénico para lo niños, que suelen jugar en el suelo», apunta.
La opinión es generalizada. José Carlos, otro viandante del parque, afirma que no conoce a nadie a quien le hayan multado por esto, pero que ve bien que se haga, aunque reconoce que cada vez se ven menos excrementos. «La gente es bastante cívica y a quien no lo sea, hay que denunciarlo; en cualquier caso me pregunto cuántas sanciones se han puesto desde que se publicó la ordenanza».
A Juan, otro joven que pasea por las inmediaciones de Colón, le parece fundamental que se sancione a quienes no cumplen con la ordenanza porque, entre otras cuestiones, «nos perjudica a los demás».
¿Despistes?
Hay propietarios de animales, como Araceli que asegura conocer a otros que «se hacen los suecos; muchas veces te cruzas con algunos que no recogen las cacas; se escudan en que han olvidado las bolsitas al salir. Estas personas son las que deberían ser sancionadas. ¡Seguro que así no se olvidaban nunca más de las dichosas bolsas!», dijo.
Por su parte, Quini, acostumbrada a ir a pie por toda la ciudad, cree que la gente no cumple con su civismo si no hay mano dura, por lo que la multa es la única forma de concienciar.



