Córdoba

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Una derrota comercial

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Día 04/09/2011 - 10.24h
Una derrota comercial

Hay una canción que recomienda «vivir sin miedo». Y aunque su ritmo no sea demasiado deportivo, lo cierto es que dio la sensación de que el Córdoba se la aplicó ayer para desafiar al Valladolid. Porque, como quiere Paco Jémez, los blanquiverdes salieron sin complejos, sin miedos, sin cortapisas. Desde luego, perder siempre sienta mal, aunque visto hoy el sistema hay derrotas que son comerciales. Y el Córdoba se ajustó a ese digno perfil.

Porque gustó su imagen y, sobre todo, porque durante muchos minutos dejó la sensación de que pudo ganar el partido en casa de un equipo grande para la categoría de Segunda División. Como se suele decir, va por el camino correcto, aunque eso sólo quedará refrendado por los goles.

Antes de rodar el balón, llegó el sentido abrazo entre Paco Jémez y Djukic. Era el reencuentro de dos defensas que como entrenadores juegan al ataque y así lo hicieron ver con sus respectivos equipos. En los locales, nada que tocar en relación a lo dispuesto en Tarragona. Obviamente, la única salvedad fue la del lateral derecho, puesto que Tekio ocupó el lugar de Barragán, quien ya entrena a las órdenes de Emeri en el Valencia.

En cuanto al Córdoba, se tenía que confirmar quién iba a ser el acompañante de Charles, el hombre y el nombre de la semana en la punta. Paco Jémez, siempre fiel a lo que dice, lo tuvo muy claro. Patiño para lanzar un mensaje al equipo de que la mejor forma de defenderse es jugando lo más arriba posible.

Y casi nada se salió de lo que el guión establecía de primeras. Es decir, el que tenía el balón trataba de combinar con celeridad y el otro presionaba lo más arriba posible para intentar que el contrario se sintiera lo más incómodo. Y tras las imprecisiones de rigor, el Córdoba quiso dominar. Empezó a sentirse fuerte y, sobre todo, a pisar mucho más el campo contrario. Así llegó un disparo de Charles como primer aviso, mientras que la grada local se sentía algo descolocada ante la insumisión de los blanquiverdes.

Aunque parezca extraño, el Valladolid era el que tenía que buscar los contragolpes, las espaldas y hasta el recurso del patadón. Porque el Córdoba asfixiaba más que presionaba. Así, era comprensible que merodeara con frecuencia a Jaime. Incluso acarició el gol en un disparo de López Silva, que cogió un efecto tan dulce como salado. Poco después, volvió a tenerla Charles, que no definió una bella acción de Patiño. En 20 minutos, daba la sensación de que sólo jugaba el Córdoba sobre Zorrilla.

Pero claro, el Valladolid puede presumir de tener calidad. Por eso, a medida de que el Córdoba malograba ocasiones, la grada local se mostraba más convencida de que algún ramalazo de sus jugadores podría cambiar la suerte del partido. Y eso ocurrió poco antes del descanso. Sisi trazó una ruta zigzagueante que terminó por el costado izquierdo para Peña, quien puso el balón en el centro del área. Entonces, Sisi no estuvo tan preciso para concretar el gol.

En el tramo final de la primera parte, el Córdoba ofreció una versión reducida del resto del partido. Jaime dejó de sufrir al ver el balón más lejos de su portería, mientras que Alberto empezó a recordar la velocidad de los jugadores del Valladolid, que se soltaron algo más.

Como muestra inequívoca, el cuadro blanquiverde se hipotecó con vistas a la segunda parte agotando muchos comodines de faltas. Y es que medio equipo vio tarjeta amarilla. Un problema y más si se atiende a que el adversario era, es y será un candidato a subir a Primera.

Y la segunda parte empezó lanzada. Con el Valladolid intentando pillar despistado al Córdoba y casi lo consiguió. Por suerte para la hueste de Jémez, a Marquitos se le vino el mundo encima al intentar controlar un balón por el perfil diestro cuando se quedaba solo delante de Alberto. Aun así, tuvo tiempo de tirar a portería. La réplica la puso López Silva en un mano a mano con Tekio, que tuvo que salvar Jaime.

Curiosamente, ambos conjuntos se pusieron de acuerdo en firmar un armisticio por lesiones. Marquitos y Patiño sufrieron sendas musculares que les obligaron a pedir cambios a sus respectivos banquilllos. Jofre y Quero fueron los elegidos, lo que suponía que el Valladolid seguía igual y el Córdoba cambiaba nervio por velocidad, mucha velocidad.

Pero el orden del partido fue cambiando. El balón pasó a poder blanquivioleta con todo el riesgo que suponía para la escuadra cordobesista. Y ahí se demostró que si un equipo perdona a uno superior está poco menos que condenado. Tekio subió por su carril y puso un centro para que Bueno se adelantara a Alberto. El portero del Córdoba cometió el pecado mortal de salir muy tarde a por el balón.

De nuevo, ambos técnicos cambiaron piezas al mismo tiempo, algo que teóricamente no estaba pactado. El Córdoba necesitaba gol y Jémez le dio la alternativa a Javi López, mientras que Djukic vio consistencia en Javi Baraja. Con Javi López, Quero se escoraba a la banda izquierda y volvía a contar con dos referencias en la punta. Bien en la teoría, aunque en la práctica el balón estaba demasiado lejos de la portería pucelana.

Pero el esférico llegó. El Córdoba tuvo su arrojo para apretar, para buscar un punto que mereció. López Silva volvió a estar muy cercano, pero Jaime tuvo la suerte de que un balón que escupió su cuerpo prefirió irse a córner. Empezó, así, el embotellamiento del Valladolid. Entre medias, Jémez agotó su última bala con Caballero, técnico y con visión de juego. Parecía que podía llegar el empate, pero nuevamente el Córdoba perdonó. El Valladolid, por el contrario, no lo hizo. A cuatro minutos para la conclusión, Bueno acabó con el partido y minimizó el trabajo del Córdoba.

VALLADOLID

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