El día 4 de septiembre en Cabra es emoción. No hay mejor palabra para calificar el cúmulo de sentimientos que surgen cuando el reloj marca las 4 en punto de la tarde y la Virgen de la Sierra atraviesa el cancel del santuario haciéndose paso en el gentío, mientras las miles de almas que acuden a esta cita corean, vitorean y aclaman a su Reina y Patrona con un nudo en la garganta.
Emoción es la que siente aquel peregrino que descubre por primera vez la magia de la «Bajá» cuando observa las resplandecientes andas de plata aparecer entre el mar de olivos que puebla los campos egabrenses. Emoción es la que sienten las mujeres cuando los portadores de la Señora les ceden por unos minutos el privilegio de llevarla sobre sus hombros, cuando el cortejo llega a la Casilla la Salve y mecen a su Madre con lágrimas en los ojos. Emoción es la que sintió el pueblo cuando los hermanos Egea o el devoto que todos los años viene de Espejo cantan por sevillanas unas plegarias dedicadas a la Señora. Hay tantas emociones en esta jornada que sería difícil no dejarse ninguna atrás pero, sin duda, la que más hace mella es formar parte de la marea humana, en torno a las 6.000 personas, que cada año acompaña a la Virgen de la Sierra en la tradicional «Bajá» por un camino escarpado en el que curiosamente, este año ha sido poco polvoriento gracias a las precipitaciones caídas en los últimos días.
En las horas previas, el santuario era un hervidero de gente nerviosa al que se unían cada vez más almas que se apeaban de los autobuses que iban llegando desde la ciudad. También hay que reseñar que las condiciones meteorológicas han acompañado favorablemente con una temperatura agradable, todo lo contrario de años anteriores en los que abundó un calor asfixiante.
La entrada a las calles del Centro se produjo con la tradicional entrega a la Virgen del bastón de Alcaldesa Perpetua
Ya en camino la comitiva multitudinaria deambuló de forma ordenada a lo largo del serpenteante sendero que presentaba un perfecto estado en su parte más complicada, como es el tramo que separa el cortijo La Viñuela con el lugar denominado como «Los colchones». De hecho apenas hubo caídas, teniendo sobre todo en cuenta los acelerones que se producen al grito de «aire, aire» cuando el tránsito de los peregrinos se hace más lento y los costaleros apenas pueden avanzar.
Cita nocturna
Después de tantas emociones vividas un leve descanso sirvió para reponer fuerzas para las actividades nocturnas que dieron comienzo en los arcos de la antigua calle Baena, cuando el alcalde de la ciudad, Fernando Priego, le impuso a la Divina Serrana la vara que cada año recuerda que ella es la Alcaldesa Perpetua de los egabrenses y sus devotos.



