Córdoba

Córdoba / AD LIBITUM

ASTUTO RUBALCABA

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El problema con el candidato estriba en que, siendo un segundón de la política, se siente con fuerzas protagónicas

Día 07/09/2011

ALFREDO Pérez Rubalcaba, para marcar distancias con Mariano Rajoy, le atribuye al del PP, como techo de su capacidad gestora ante las crisis, su actuación frente al desastre ecológico del «Prestige» y se pone de puntillas para presumir de haber resuelto —a cualquier cosa llaman chocolate las patronas— uno de los plantes con que, de vez en vez, nos obsequian los controladores aéreos. Es algo tan engañoso como legítimo. Un candidato con marchamo de perdedor puede, y hasta debe, tratar de invertir el sentido de los pronósticos y sacar provecho de donde pueda. El problema con Rubalcaba estriba en que, siendo un personaje menor, un segundón de la política, se siente con fuerzas protagónicas. De hecho, la crisis más difícil y rotunda a la que, en sus días felipistas, tuvo que enfrentarse Rubalcaba, en su calidad de ministro portavoz, fue la de Luis Roldán, fuga incluida, y, a los resultados me remito, si el trabajo se mide por sus frutos aquella fue una mala cosecha socialista.

Del mismo modo que las imágenes de los santos que lucen en las iglesias suelen reforzarse con una brillante aureola que certifica su virtud; Rubalcaba, como la mayoría de quienes piensan que no hay vida más allá de la política, suele aparecérsenos con un halo que induce a pensar en su astucia, algo que posiblemente pueda constituir una virtud privada; pero que, por lo que conlleva de engaño, tiende a ser un defecto público. Así, cuando quiere resaltar su gran sentido social, dice que fomentará los «impuestos a los ri-cos». Suena a socialismo rancio, pasado de fecha; pero, si se considera el monto posible de la recaudación teórica entre las grandes fortunas, la cifra sobrepasa en poco los 2.000 millones. ¿A quién querrá engañar el cántabro? Eso es lo que, solo en la circunscripción tradicionalmente socialista de Castilla-La Mancha, ha recortado María Dolores de Cospedal, siguiendo la terminología del Gran Capitán, en palas, picos y azadones.

Rubalcaba, grande por el contraste de su último entorno gubernamental y mínimo en la comparanza con lo mejor del socialismo español, tiene la capacidad de los mejores vendedores de burras. De cara a los próximos comicios nos ofrece como novedad, como piezas de refresco en su antañona y caduca formación, nombres como Alfonso Guerra, cabeza de lista por Sevilla y Manuel Chaves, primero de la fila gaditana. Un setentón especializado en chascarrillos de dudoso gusto y un avanzado sesentón que puede presumir con toda justicia de haber contribuido grandemente al estancamiento económico y al retroceso social en Andalucía. Con esos mimbres, Rubalcaba, el astuto, debiera evitar el cesto.

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