«A la gente no sólo no le molesta sino que le agrada que la Virgen recorra la ciudad. La respuesta la dan los hechos». Este párrafo de la homilía celebrada ayer por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, acompañado por el Cabildo al completo y parte del arciprestazgo, aludía a las protestas que pretendían el pasado miércoles «reventar» el pregón de la Velá de la Fuensanta. «No obligamos a nadie con eso, pero la fe en los creyentes se manifiesta de esta manera, un pueblo creyente necesita expresar su fe», reiteró el obispo.
«Aunque sea pequeña la imagen de la Virgen, la devoción es grande y no vamos a reprimirla. No vamos a permitir que sea encerrada en el santuario —donde ha permanecido 11 años— ni esconderla de la calle porque hoy los vecinos y devotos con toda naturalidad y espontaneidad la han sacado a la calle», proclamaba el obispo en un santuario desbordado de fieles.
Cientos de personas siguieron la misa concelebrada tanto en el interior del templo como en el exterior, donde se habían instalado unas pantallas en el patio para participar de la eucaristía. En su homilía, el obispo citó al premio nobel Vargas Llosa que concluía después de ver a los millones de jóvenes concentrados en la JMJ (momento que comparó con los fieles reunidos ayer en La Fuensanta) «que el futuro no puede construirse sin la religión, que ésta es un factor positivo para el progreso y para la paz».
Demetrio Fernández tuvo palabras de agradecimiento tanto para la Agrupación de Cofradías por esta iniciativa felizmente cumplida, como a las autoridades que han tenido la «sensibilidad para ver esto» y permitir que la Virgen salga a la calle tras 11 años sin procesionar.
En su paseo, decenas de devotos acompañaron a la Virgen desde su salida a las 8.00 de la mañana del templo hasta su vuelta, alrededor de las 10 de la mañana, arropada por la banda de música de La Esperanza y el tañer de las campanas del santuario. Su entrada al templo congregó a cientos de fieles que la vieron cruzar las puertas, al tiempo que se escuchaba el himno nacional.
Poniendo como ejemplo la concentración de la juventud en JMJ con el Papa, el obispo dijo que estas manifestaciones lleva a la certeza de que «la fe no es de unos cuantos raros sino que es compartida por los jóvenes del mundo entero».
Ni IU ni PSOE
El obispo concluyó su homilía exclamando que «la Fuensanta bendiga la ciudad de Córdoba».
Acompañando a la Virgen durante el recorrido por las inmediaciones del Santuario estuvieron el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, junto con el teniente alcalde, Miguel Ángel Torrico, y la concejala de Mayores e Inclusión, Blanca Córdoba; y por parte de Unión Cordobesa, el concejal Juan Miguel Alburquerque. Ni rastro de representantes de IU o PSOE.
En el exterior del templo, donde continuaba la tradicional barra, cuyos beneficios este año van destinados a Cáritas, continuaban los populares puestos de ventas de las campanitas y caimanes de cerámica.
El resto de carpas, como las de churros y golosinas, estaban situadas en el lateral del santuario. Los nuevos emplazamientos, que han permitido que haya más espacio en la explanada del templo, han gustado a unos más que a otros. Unas vecinas, Josefa, Victoria y Valle criticaban al Ayuntamiento porque no veían los «huevos fritos gratis» ni los «higos chumbos» que cada año regalaban. Y pedían que si estaban recortando que no fuera con eso.
Sin embargo, la mayoría de los vecinos veían con buenos ojos los cambios, como la familia Campos Trillo. «Lo importante es que todo gire en torno a la Virgen, y por fin, así ha sido». «Lo de ayer —refiriéndose a las protestas— no nos gustó nada», comentaron, «menos mal que la Virgen por fin ha salido a la calle».
Uno de los miembros de esta familia insistió en que «la Velá es por la Fuensanta, y no por el caimán», a lo que otro de sus integrantes añadió: «Se trata de una Virgen coronada».
De otro lado, María y sus dos hijas disfrutaban de la visita al templo, y aseguraban que «todo está como siempre, pero que la Virgen ha recuperado su protagonismo».
Niños y campanitas
Los niños también disfrutaron con la ilusión de las campanitas eligiendo entre la tradicional de barro blanca o la esmaltada con la figura de la Virgen.
Este año, Javier Tafur, articulista de ABC, habló en su pregón de una Velá que no rehuye de las raíces cristianas de la celebración popular. Tafur apelaba a que los adultos inculquen a sus menores la tradición de La Fuensanta. «Dejad que los niños se acerquen a ella. Las campanas son claustros felices, vientres maternos, griales santos que tocan la vida. Un niño con una campana es el icono de la esperanza, el logotipo perfecto de la vida nueva», advertía.
Poco antes, el anunciador de la festividad se había detenido en la leyenda del pocito. «Cada fuente que el hombre descubre es una nueva promesa, una aproximación a su destino, una renovada alianza con su creador», sostuvo para recordar que «romper aguas es nacer; todos lo sabemos». Y así fue. Decenas de niños hacían sonar sus campanitas.




