La victoria gala de ayer permitirá retener un día más en Córdoba a un numeroso público amante de la buena gastronomía, y que, de haber ganado el equipo español, se hubiera marchado hoy ante la falta de aliciente y emoción en la semifinal
Día 18/09/2011 - 10.27h
Aunque parezca todo un desatino, la desastrosa derrota deportiva del equipo español ayer en el partido de dobles de la Davis supone, por contra, un auténtico balón de oxígeno económico para la ciudad. No en balde, buena parte del público foráneo interrogado por este periódico aseguró que, de haber ganado ayer España, hoy ya no estaría en Córdoba.
Y si no, que se lo digan al madrileño Manuel Pazos, más conocido en el mundillo del tenis como «Manel» y autocalificado como el «rafista» (seguidor de Nadal) número uno del país. Después de que varios miembros de la Real Federación Española de Tenis tras saludarle con efusión intentaran sin éxito apaciguar los ánimos de este veterano hincha al final del encuentro, Pazos dejó bien clara su postura: «¿Quedarme? No. Si España hubiera ganado el dobles mañana (por hoy) ya estaría en mi chalé de Málaga, porque ya no tendría aliciente».
Pero el caso es que la absoluta falta de comunicación entre Fernando Verdasco y Feliciano López propició el primer punto del equipo galo, cuyos seguidores ayer pudieron recuperar el orgullo de enarbolar bien alto los colores de su bandera, y eso permitirá recuperar el morbo de la emoción de una semifinal que más de uno cree que va a estar de nuevo en las manos de Nadal.
Fama gastronómica
No en balde, los aficionados que han acudido desde muy diversos puntos del país traían en sus agendas subrayado en tinta roja la fama gastronómica de una ciudad que «es mucho más que la Mezquita-Catedral». Carmen Sos, de Melilla, se dio el pasado viernes un homenaje en el restaurante Los Berengueles, ayer tenía previsto salir de tapeo por las tabernas típicas y hoy podrá volver a repetir antes de regresar a su tierra con un buen sabor atrapado en su memoria.
Rosa María Capó y Dori García, ambas de Alicante, tapearon el pasado viernes en la zona de la Muralla y ayer separarían sus respectivos caminos para cenar una en el Churrasco y la otra en Casa Pepe de la Judería, mientras que el madrileño Alfonso Rebuelta hizo lo propio en el Caballo Rojo, «y hoy (por ayer) también saldré a cenar en otro restaurante, pero de idéntica categoría que el anterior».
Respecto a las visitas por la ciudad, hay que decir que muy poca gente desconocía de antemano la ciudad e, incluso, afirmaron que «ahora está más bonita». Pero siempre hay rincones desconocidos para alguien o que siguen asombrando por su peculiar belleza. El Cristo de los Faroles de noche encandiló a Carmen Sos y Yolanda Álvarez, de Madrid, se llevará impregnada en la retina la Calleja de las Flores. Y por supuesto, todos han visitado Medina Azahara, la Mezquita, los Baños Califales o el Alcázar.
Volviendo al ambiente del partido de ayer, en esta ocasión apenas sí hubo movimiento por los pasillos y el público respetó el partido mucho más que el primer día, quizá, precisamente, por disputarse un único encuentro. Una cuestión que se notó, por ejemplo, en la compra de bebidas, que experimentó un impresionante bajón respecto al pasado viernes, porque «hace mucho menos calor y la gente ha venido preparada en el sentido de que ya ha comido y ha bebido», explicó un camarero.
Algo similar se espera para hoy. Porque a la previsión de una bajada de las temperaturas térmicas se le añade la presión de un público que estará «a muerte» con Nadal en el primero de los partidos. «Tiene que ser una verdadera olla a presión y que todo acabe en el primer partido», comentaban dos entendidos ya fuera del coso. Un encuentro que, por cierto y sirviendo como aviso a navegantes, podría dejar zanjada la semifinal, puesto que, según las normativas tenísticas, si el manacorí venciera a su oponente, Gilles Simon, en cuatro sets ni siquiera haría falta que Ferrer disputara el quinto encuentro contra Gasquet.



