Resulta inevitable echar mano del símil taurino cuando los jugadores españoles se portaron como auténticos toreros lidiando en una plaza de toros con solera, y el público así los acabó bautizando a pleno pulmón
Día 19/09/2011 - 09.43h
No podía ser de otro modo, celebrándose donde se celebró la semifinal de la Copa Davis entre España y Francia. Los triunfos de Nadal, que supo capotear con soltura dos toros muy bravos, y de Verdasco, que hizo otro tanto con el suyo de ayer, se ganaron a un muy entregado público cordobés —que de lidias sabe bastante— hasta que, por lógica, acabaron alabando a la Armada española como si fueran la representación del sexto Califa.
Vuelta al ruedo por todo lo grande. Verdasco, retando al calor, ataviado con una chaquetilla rosada propia de una corrida goyesca, y los gritos del público que resonaban más allá de los muros del Coso de Los Califas con el mejor de los piropos para sus ídolos: «¡Torero! ¡Torero!». Hasta los 300 seguidores franceses, que durante buena parte de la jornada de ayer se mostraron abatidos por el devenir de su equipo deambulando con caras tristes por los pasillos del coso, acabaron aplaudiendo con una deportividad exquisita rindiéndose ante un Nadal reivindicativo, nada egoísta e imparable.
No en balde, pusieron muy malas caras cuando su principal estrella, Tsonga, harto de no hallar un resquicio de debilidad en el manacorí, arrojó su raqueta contra el suelo y se lió a patadas contra uno de los anuncios ubicados al borde de la pista y que, por cierto, era de los suyos, del todopoderoso Paribas. Menos mal que el propio jugador francés pidió disculpas por su comportamiento una vez finalizado el partido en la sala de prensa.
Nuevo fallo del marcador
Por contra, se ha echado de menos las disculpas que tendría que haber ofrecido el responsable del marcador, ya que ayer de nuevo —al igual que ocurrió con el primer día—, volvió a dar errores en los números. Y es que en tenis, especialmente con un tipo de público tan móvil e inquieto como es éste, se mira tanto el propio partido como la puntuación y si ésta falla puede dar pie a inquietantes situaciones para los que se han perdido una parte del encuentro. El breve respiro que supusieron las nubes durante el encuentro entre Verdasco y Gasquet facilitaron la vuelta a la grada de un público que, tras la victoria de Nadal, se lanzó a los pasillos en busca de su ídolo (más de medio centenar se llegó a concentrar bajo las escaleras de la sala de prensa sabedores que el de Manacor estaba en plena conversación con los periodistas), de comida, de agua y también de otras bebidas con las que empezar a celebrar el triunfo español.
Esa tremenda avalancha de personal que se volcó a través de los vomitorios generó una cantidad inusual de basura, obligando a los servicios de limpieza a salir cargados de bolsas durante al menos una treintena de veces. «Y lo que nos queda, porque cada vez que entramos están las papeleras hasta arriba». Incapaces de calcular el volumen de residuos retirados del interior del coso, se limitaron a decir que «toneladas».
En efecto, el calor provocó un consumo de agua fuera de lo común, especialmente entre los seguidores ubicados en la zona VIP y en palco, castigadas desde la primera hora hasta la última por un sol de justicia. Por eso, en esos espacios de predominio de polos Fred Perry, Lacoste o Ralph Lauren, hubo algunos que lamentaron la falta de previsión a la hora de contar con un mejor abastecimiento de bebidas, ya que para eso habían pagado un dineral.
Más arriba, en el gallinero, donde la camiseta canalla era la prenda generalizada, el personal aseguraba que «ni loco me cambio por uno de los de abajo». ¿La razón? Muy sencillo: además de que la pista no está tan lejos como pudiera parecer y se ve el partido bastante bien (aunque algunos echaban mano de prismáticos), la práctica totalidad de esa zona se encuentra bajo techo y protegida del astro rey y por esas alturas se nota algo más de corriente, con lo que «estamos como reyes».
Sea como fuere, y salvando los pocos errores de organización que hubo, la satisfacción fue generalizada.



