Córdoba

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De Pepito Grillo a cortesano

Hurtado acusó a Aguilar de «desmanes urbanísticos de república bananera» y ahora la escolta en la lista del PSOE

Día 26/09/2011 - 09.34h

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«Hay que mantener la calma frente a los nervios de Ocaña y Aguilar, preocupados porque se destapen sus desmanes urbanísticos, más propios de una república bananera que de una visión de futuro». Al senador Antonio Hurtado, ahora aspirante a un escaño en el Congreso, quizá le vendría a la memoria aquella entrevista en ABC en abril de 2006 en la que lanzó esta frase, no menos demoledora que otras de aquella misma época, contra la entonces popularísima alcaldesa.

Puede que cuando anteayer se hubieran apagado los aplausos de sus compañeros socialistas le viniera a la mente aquella encuesta que le proclamaba como el segundo político municipal más conocido, por detrás de una Rosa Aguilar exultante en aquel tiempo y por delante de un entonces bisoño José Antonio Nieto. Y con aquel recuerdo le llegaría aquellos años en que lideraba «de facto» la oposición a IU aunque el PSOE apenas tuviera cuatro concejales.

Era su momento de mayor intensidad política, por encima de los tiempos en que fue delegado de Economía de la Junta. Había estrenado su acta de concejal en mayo de 2003, cuando su partido pasó de seis a cuatro concejales y el cabeza de lista, José Mellado, tuvo que marcharse a Sevilla por el procedimiento de la patada hacia arriba. Con el PP en recomposición interna por la derrota primero en las municipales y luego en las generales, Hurtado se alzó como el azote de Rosa Aguilar, especialmente por el Urbanismo y por las polémicas que tenían como protagonista al constructor Rafael Gómez.

Al candidato a diputado quizá le vinieran a la cabeza hace dos días otras frases que dijo en aquellos meses referidas a la Carrera del Caballo y las Naves de Colecor: «urbanismo a la carta», «privilegios», «trato de favor». Si antes y después el PSOE fue el apoyo de IU en el Consistorio, en aquella época le regateaba cualquier apoyo. Incluso hubo una campaña de pintadas contra él por toda la ciudad.

Un fax para quejarse

Pero su partido, que necesitaba a Izquierda Unida en muchas ciudades andaluzas, no podía permitirse castigar al estandarte del que ya era un pequeño satélite. La misma Rosa Aguilar, que le había dicho que tomara nota cuando una encuesta la situó como alcaldesa mejor valorada de Andalucía, envió un fax a Zapatero para que lo llamase al orden como jefe de su partido. Era como si Rosa Aguilar ya estuviera en el PSOE, porque hasta sugirió el nombre de Rafael Blanco. Todos menos aquel molesto concejal, que un día de Feria le ofreció un poco de comida y al que la alcaldesa, con gesto airado, respondió reprochándole su hostilidad: «Será lo único que me das».

Vendrían luego los paseos en bici al Senado y el regreso como asesor de Durán, ejecutor de su ejecutor Blanco. «Ya he solucionado mis diferencias políticas con Rosa Aguilar», dijo el sábado segundos después de abrazarla y confirmar que irán en la misma lista al Congreso de los Diputados, aunque no se sabe si pensaría en que ella era más o menos corresponsable de que, como dijo, no hubiera podido someter al veredicto de las urnas su incansable trabajo municipal.

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