Desde su llegada a Córdoba, el obispo recorre la diócesis palmo a palmo para conocer la vida religiosa de los fieles
Día 14/10/2011 - 10.06h
«Usted es el obispo de Córdoba, ¿de aquí también?». La pregunta se la hizo un niño a Demetrio Fernández, en una de las visitas pastorales que el prelado realiza, de forma casi ininterrumpida, a parroquias de toda la diócesis. «Sí, hijo mío, también de aquí», fue su respuesta sonriente una vez repuesto de la sorprendente pregunta.
Desde finales de septiembre, parroquias y pueblos del arciprestazgo de Pozoblanco-Villanueva de Córdoba han estado recibiendo al prelado, pero no son casos aislados; desde su llegada a la silla de Osio, el actual obispo está recorriendo toda las comunidades eclesiales de la diócesis con el fin de conocer de cerca, y de primera mano, la situación de la Iglesia en la parcela que se le ha encomendado.
«Hay que aclarar —afirma Carlos Linares, párroco de Santa Marina— que las visitas pastorales no son equiparables a las que, por ejemplo, realizan los inspectores de enseñanza en los centros docentes o los de Trabajo en las empresas y talleres». Se trata más bien, por el contrario, de facilitar el encuentro y el contacto con sacerdotes, religiosos y laicos que colaboran en las distintas tareas pastorales, «aunque sin olvidar la comprobación de las distintas áreas de la acción parroquial: libros de registro de sacramentos, estado material de los templos, necesidades varias, etcétera».
Los ejes de las visitas pastorales son la celebración de los sacramentos —principalmente la misa y la confirmación, este último cuando haya personas preparadas para recibirlo— y los encuentros con sacerdotes, consejos pastorales, religiosos, movimientos laicales, jóvenes y niños, estos últimos en sus propios colegios e instituto. Ello si no se le ponen trabas o prohibiciones, lo que ha ocurrido en alguna ocasión, si bien desde el punto de vista estrictamente legal, nadie puede impedir al obispo acceder al interior de una clase de Religión Católica.
El Código de Derecho Canónico estipula que las visitas pastorales deben realizarse cada cinco años, aunque no siempre alcanzan esta periodicidad. Demetrio Fernández —que ha sido párroco antes de obispo, circunstancia ésta que se «nota», se valora y se resalta en los ámbitos diocesanos— quiere aplicar con sus visitas el doble objetivo de éstas: por un lado, le hacen conocer de cerca las inquietudes y esperanzas de sus feligreses; por otro, sirven a los fieles como reafirmación de su comunión eclesial con el Papa, por la vía de su obispo.



