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Muchas dudas y pocas pruebas

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La investigación sobre el paradero de los hermanos desaparecidos sigue estancada y ninguna pesquisa ha servido para localizar a los menores

Día 16/10/2011 - 10.07h
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La losa de la incertidumbre y la desesperación pesa ya demasiado sobre los familiares de los pequeños Ruth y José Bretón Ortiz, los dos hermanos de 6 y 2 años, respectivamente, que desaparecieron hace ya ocho días cuando se encontraban con su progenitor en Córdoba. Los registros practicados, las pistas recabadas, los testimonios y las declaraciones no han arrojado, de momento, ni un haz de luz sobre el paradero de los menores. ABC revisa a continuación los pasos que la Policía ha ido dando para averiguar dónde están los pequeños y todas las incógnitas del caso que han puesto desde el primer momento al padre de los niños en la mira de los investigadores.

1 La versión de José Bretón

La secuencia de los hechos según el padre de los pequeños ha sido siempre la misma y el punto de partida de las pesquisas policiales. José Bretón, de 38 años, asegura que el viernes, 7 de octubre, recogió a sus hijos en Huelva —allí vive la madre, Ruth Ortiz— y viajó con ellos a Córdoba, ciudad a la que se trasladó después de separarse de su mujer y en la que residen, además, sus padres, Bartolomé Bretón y Antonia Gómez, y unos tíos. Los pequeños se quedaron esa noche y el sábado por la mañana con los abuelos paternos en su casa familiar en Jesús Rescatado, concretamente, en el número 8 de la calle Don Carlos Romero. Poco antes del mediodía, el padre se presentó allí y dijo que se llevaba a Ruth y a José a comer con un amigo. Ya por la tarde, a las 17.45 horas, fue con los niños al parque Cruz Conde. En sólo quince minutos los perdió de vista. Parecía que se habían desvanecido. La niña vestía unas mallas y una blusa rosa y el pequeño unos pantalones y una camiseta beige. Después de preguntar a viandantes y a los trabajadores de la Ciudad de los Niños, llamó al 112 (a las 18.20 horas). Veinte minutos después, avisó a la Policía. Mantiene que hizo estas llamadas desde el parque. Avisó a la madre, pero ésta no cogió el teléfono; la mujer se enteró de lo ocurrido por los agentes y llegó a Córdoba la madrugada del mismo sábado.

2 El parque Cruz Conde

Los rastreos se iniciaron en este enclave, una gran zona verde de 14 hectáreas, que incluso llegó a ser desalojada. La Policía Local fue la primera en desplazarse hasta allí. Al menos, tres coches patrulla peinaron el parque y su entorno, incluida la Ciudad de los Niños. Agentes del Cuerpo Nacional se sumaron de inmediato a la búsqueda. Cerca del lugar se sitúa un ramal del río Guadalquivir, donde la policía buscó también a los dos menores. Se alertó a los taxistas de que avisasen si veían a los niños o a algún adulto con ellos y se buscó testigos. El dispositivo se amplió el domingo, pero de los pequeños, ni rastro. Eso sí, los indicios obtenidos hasta el momento y las declaraciones tomadas a los familiares dirigieron la vista hacia el progenitor y su entorno.

3 El padre, principal sospechoso

¿Por qué se centraron las investigaciones en el padre casi desde el principio del caso? Su relato de lo que sucedió el fatídico sábado presentaba muchas lagunas. En primer lugar, ni un sólo testigo vio a este hombre con sus niños la tarde de autos en el parque, pese a que él asegura que estuvo allí. Las cámaras de seguridad que encuentran a la entrada de la Ciudad de los Niños corroboran este extremo. En las imágenes que grabaron la tarde en la que desaparecieron los pequeños se ve a Bretón solo, hablando con los empleados del parque infantil. Además, su esposa interpuso el mismo sábado de madrugada una denuncia «por vejaciones, insultos y malos tratos psíquicos» contra él. Contó que le había dicho que no volvería a ver a los niños si no accedía a la custodia compartida. Cabe recordar que estaban en trámites de separación. Por otro lado, el mismo sábado, la Policía encontró en su coche dos cuchillos y cinta aislante —que, al final, fueron descartados—. Otros indicios subjetivos que cargaron más sospechas en la figura del progenitor fueron su actitud fría a la hora de denunciar y, sobre todo, las incógnitas sobre qué hizo desde que recogió a los pequeños en casa de los abuelos hasta que interpuso la demanda. Dijo que iba con un amigo a comer, pero el almuerzo nunca se celebró.

4 Cuatro horas en blanco

Desde el mediodía hasta las 18.00 horas, cuando el padre dice que perdió a los niños, no tiene coartada. ¿Qué pasó en ese tiempo? En teoría, estuvo con sus hijos en una parcela de Las Quemadillas, también propiedad de los padres de Bretón y que está a unos cinco kilómetros del centro de Córdoba. Los investigadores comenzaron a temerse lo peor y pusieron las miras en la citada finca, al sospechar que Bretón podría haber acabado con la vida de los pequeños y deshecho de los cuerpos en ese lugar o en alguno no muy distante. Además, consideraban «ilógico» que alguien tuviera a los niños retenidos, porque «se necesitaría una cierta infraestructura» y la colaboración de alguien.

5 La parcela de Las Quemadillas

Desde primera hora del lunes, los agentes comenzaron a rastrear palmo a palmo la parcela de Las Quemadillas, que abarca unos 6.000 metros cuadrados y en la que los abuelos paternos tienen tierras de cultivo. Aunque siempre han mantenido todas las hipótesis abiertas, ese día las expectativas no eran muy halagüeñas y, según fuentes de la investigación, buscaban los cuerpos de los menores. En torno a las 10.00 horas, se personó en la casa el propio Bretón acompañado por más policías. Lo hizo de forma voluntaria —cabe destacar que, por el momento, el padre de los niños no está ni detenido ni imputado por nada— y después de pasar por la comisaría de Campo Madre de Dios. Conforme fueron avanzando las horas, los efectivos personados en Las Quemadillas se fueron multiplicando. Miembros de la Unidad de Subsuelo rastrearon pozos y alcantarillas, mientras que los de la Canina hicieron lo propio en el entorno de la propiedad, para después afanarse en el interior. Un helicóptero sobrevolaba la zona y efectivos de la Policía Científica entraban y salían sin cesar. Habían encontrado restos biológicos en las ascuas de una hoguera que, de inmediato, se enviaron a analizar, aunque, afortunadamente, resultaron no humanos. También se acordonaron varias zonas de la parcela y se vació la piscina. Los trabajos en este enclave persistieron hasta altas horas de la madrugada y continuaron el martes. Hasta las 20.25 horas de ese día, los agentes continuaron buscando pistas en la finca. Después de no encontrar nada, levantaron el cerco policial y cesaron las indagaciones en la propiedad.

6 Rastreos en el Guadalquivir

El martes, de forma paralela a la búsqueda en la parcela de Las Quemadillas, efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) del Cuerpo Nacional de Policía realizaron un somero rastreo en el río Guadalquivir a su paso por las inmediaciones de la casa de campo de los abuelos paternos. Los efectivos recorrieron el cauce en busca de pruebas entre la capital cordobesa y la barriada periférica de Alcolea en una zodiac. Una vez más, no hallan ninguna pista sobre el paradero de los niños.

7 Indagando en las llamadas

También el mismo martes la Policía consiguió que el juez encargado del caso, el titular de Instrucción número 4, José Luis Rodríguez Laín, autorizara escuchas telefónicas que se le pidieron el mismo domingo; no las veía justificadas, pese a la gravedad del caso. El objetivo de los responsables de la investigación es posicionar el móvil del padre para reconstruir el itinerario que tuvo el sábado, saber con quién comunicó y a qué horas.

8 La casa de Don Carlos Romero (La Viñuela)

A partir del miércoles, y después de no encontrar vestigio alguno, la investigación cambió de nuevo de escenario. Las pesquisas se trasladaron al domicilio urbano de los abuelos paternos, una casa de grandes dimensiones ubicada en el número 8 de la calle Don Carlos Romero, perpendicular a Jesús Rescatado y que tiene otra salida que da a Joaquín Altolaguirre. En este inmueble fue el último lugar donde a la Policía le consta que estuvieron los dos hermanos. En torno a las 17.45 horas, ocho agentes de la Policía Científica entraron en la vivienda para inspeccionarla. Durante una hora y media permanecieron dentro, siempre con José Bretón en su interior. Luego, la abandonaron cinco de los efectivos. El resto salió a las 19.30.

7 Relevo policial para relanzar la investigación

Después de cuatro días sin pistas sobre los pequeños, la investigación llega a un punto muerto. Hasta el momento, las pesquisas estaban siendo coordinadas por la Policía Judicial en la Jefatura Superior de Sevilla, con el comisario Manuel Piedrabuena al frente, el mismo que se encargó del caso de Marta del Castillo. El jueves, el comisario jefe de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), Serafín Castro, y los responsables de Homicidios, se desplazaron a Córdoba, donde celebraron una reunión para explotar nuevas vías. A partir de entonces, Piedrabuena quedó relevado y la UDEV, en colaboración con la comisaría de Córdoba y la Jefatura Superior de Policía de Sevilla, toma las riendas.El dispositivo se reforzó con diez agentes más y una médico antropóloga de la comisaria general de Policía Científica. La Guardia Civil también está colaborando en la búsqueda de alguna pista sobre el paradero de los menores toda vez que las patrullas repartidas por toda la provincia cordobesa están alerta desde el pasado sábado para ayudar en la investigación.

8 Nuevos testigos, nuevas contradicciones

El viernes, la actividad policial se concentró entre los muros de la comisaría de Campo Madre de Dios. En torno a las 11.45 horas, tres jóvenes acudieron a las citadas dependencias a declarar voluntariamente. Uno de ellos, Mario González, aseguró que la tarde de los hechos, Bretón les preguntó si habían visto a unos niños pequeños. «Estaba desencajado y muy nervioso, desesperado. La cara que tenía la he visto pocas veces en mi vida», aseguró antes de prestar testimonio. No obstante, fuentes policiales aseguraron que prefieren mostrarse cautelosas respecto a estos testigos a la espera de atar todos los cabos del caso. El padre de los pequeños también cruzó las puertas de la comisaría poco después, sobre las 12.00 horas, en un taxi. Por otro lado, ABC logró entrevistar al vigilante de seguridad que el sábado prestaba servicio en la Ciudad de los Niños y que habló con Bretón. Según relató en exclusiva a este periódico, el padre de los menores apareció la tarde de autos solo sobre las 17.00 horas y preguntó a los encargados del recinto infantil si habían visto a sus hijos. «Al poco rato se marchó y unas horas después, sobre las 19.00, llegó de nuevo, esta vez acompañado por otro hombre y la Policía», manifestó el vigilante. Esta versión choca con la dada por José Bretón en cuanto a los tiempos, ya que éste declaró que llegó al parque a las 17.45 horas y fue pasadas las 18.00 cuando los perdió de vista. Sin embargo, el guarda lo sitúa allí casi una hora antes.

9 Los bulos se disparan

La falta de resultados y el silencio de la investigación provocó que el viernes, sobre las 15.00 horas, surgieran rumores sobre un falso hallazgo y una búsqueda en Palma del Río. El bulo corrió como la pólvora en bares y establecimientos comerciales. La principal vía de difusión fueron las redes sociales. Hasta un prestigioso bufete de abogados se hizo eco de la «noticia». Los niños habían aparecido. Los tenía la novia de Bretón y estaban en una casa en el municipio palmeño. El júbilo apenas duró diez minutos. La portavoz de la familia materna negó este extremo y la Policía terminó por confirmar que no era cierto, además de manifestar su preocupación ante estos engaños «que no hacen nada más que complicar la investigación».

10 El entorno del padre

Desde que los pequeños Ruth y José desaparecieron, tanto José Bretón como su familia han mantenido un silencio infranqueable. Los únicos que hablaron a los medios y tan sólo para manifestar lo mal que lo están pasando fueron unos tíos, hermanos de Bartolomé Bretón, cuando el pasado jueves visitaron el domicilio de Don José Romero, pero nada más. Además, no han mantenido contacto alguno con los allegados de la madre.

11 El entorno de la madre

Por el contrario, la familia materna ha mantenido una actitud más abierta con los medios de comunicación. Si bien es verdad que la madre, de 38 años, no ha hecho declaraciones, sí se ha conocido su ánimo a través de Esther Chaves, que está haciendo las veces de portavoz. Desde el principio, los allegados onubenses han realizado una búsqueda activa mediante la pega de carteles. Además, siempre han mantenido una actitud ejemplar al pedir cautela y mantener la presunción de inocencia del padre.

12 El matrimonio

Ruth Ortiz, veterinaria que trabaja para la Junta de Andalucía y José Bretón, exmilitar y conductor que llevaba meses en paro, se casaron en 2002. Recientemente habían iniciado los trámites de separación. El matrimonio se conoció en Córdoba, donde ella estudiaba la carrera. Residían, según aseguraban los vecinos, en uno de los pisos del edificio Emilio Morelo, conocido como La Morana, en Huelva, hasta hace unos 20 días, cuando el esposo dejó la vivienda. Al parecer, los progenitores tenían acusaciones mutuas por malos tratos y amenazas y la madre había solicitado una orden de alejamiento.

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