Córdoba

Doce días de dura montaña rusa emocional

Día 20/10/2011 - 09.11h

La desaparición y búsqueda de Ruth y José alterna días de máxima tensión con jornadas de inquietante parálisis sin resultados rotundos y concluyentes

RAFAEL CARMONA
Un cámara graba a voluntarios en la búsqueda de los pequeños Ruth y José el pasado martes en la comisaría de Campo Madre de Dios

Cuando hoy se cumplen doce días de la desaparición de Ruth y José Bretón Ortiz, los niños de seis y dos años, respectivamente, que supuestamente se perdieron en el Parque Cruz Conde cuando estaban con su padre, José Bretón, parece que el caso no termina de declinarse hacia unos derroteros concluyentes en uno u otro sentido pese a la detención del progenitor. Lo que sí está dejando estos días es una auténtica montaña rusa emocional que alterna jornadas de infarto con inquietantes días de relativo parálisis algunas veces incomprensible.

Todo comenzó el pasado 8 de octubre. Bretón, de 39 años, llamó a la Policía sobre las 18.40 horas para denunciar que sus hijos habían desaparecido mientras jugaban en el parque en el instante en que él se había acercado un momento a su coche. A raíz de ahí, las pesquisas policiales se guiaron por su declaración inicial, según la cual el viernes anterior recogió a los niños en Huelva y viajó hasta Córdoba, donde reside con sus padres tras el inicio de los trámites de la separación con su mujer, Ruth Ortiz.

Al parecer, los niños durmieron esa noche con sus abuelos, Bartolomé Bretón y Antonia Gómez, y permanecieron al día siguiente en la casa, el 8 de la calle Don Carlos Romero, hasta que se presentó el padre diciendo que se los llevaba para comer con un amigo, aunque finalmente no fue así.

Eran las 17.45 cuando José Bretón dijo que se llevó a sus hijos al parque y en apenas un cuarto de hora perdió a Ruth y José. Siempre según su declaración, tras preguntar a varios viandantes y a los trabajadores de la Ciudad de los Niños, a las 18.20 horas hizo una llamada al 112 y a las 18.40, a la Policía Nacional, ambas desde el parque, así como un tercer telefonazo a su esposa, a la que no pudo localizar en ese instante.

De hecho, ella se enteró de todo a través de la Policía y, tras presentar una denuncia contra su marido «por vejaciones, insultos y malos tratos psíquicos», se acabó personando en la capital cordobesa en la madrugada del sábado al domingo.

El mismo día 8 comenzaron las labores de rastreo por parte de tres patrullas de la Policía Local en el Parque Cruz Conde, que llegó a ser desalojado, así como en la vecina Ciudad de los Niños. Poco después se sumaron agentes de la Policía Nacional y se buscó a los niños en el cercano ramal del río Guadalquivir, pero no había ni rastro de ellos ni de testigos de los hechos.

Al día siguiente, la Policía informó oficialmente de la búsqueda de los dos hermanos en una investigación donde no se descartaba ninguna hipótesis, aunque las declaraciones tomadas a los familiares dirigieron las sospechas hacia José Bretón y su entorno. Y es que su declaración inicial presentaba lagunas: nadie le vio con sus hijos en el parque y las cámaras de seguridad que hay a la entrada de la Ciudad de los Niños corroboran ese extremo, ya que las imágenes registradas muestran al padre solo hablando con los empleados del parque infantil.

Además, está la denuncia de su mujer la noche de la desaparición y que se encontraran en su coche dos cuchillos y cinta aislante (finalmente descartados). Su actitud excesivamente tranquila, rozando la frialdad, y la falta de coartada desde que se llevó a los niños de la casa de sus padres hasta su posterior desaparición cargaron más las tintas sobre su figura.

Primeros registros

El día 10, lunes, la Policía Científica, con el comisario Manuel Piedrabuena al frente, registra la vivienda de los abuelos paternos en Las Quemadillas y encuentra restos óseos entre las cenizas de una hoguera, pero el martes el departamento de Antropología Forense de la Policía Científica en Madrid determina que son de perro. El día 11, la Policía y la Guardia Civil rastrean el Guadalquivir a su paso por las inmediaciones sin encontrar ninguna pista.

La Policía parece no sacar nada en claro y el miércoles 12 acude a la casa del abuelo paterno en La Viñuela, junto con el padre, pero sigue sin averiguar nada. Al día siguiente la Policía científica y judicial de Madrid se desplazan hasta Córdoba para impulsar la investigación, al tiempo que el comisario Serafín Castro y su Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) relevan a Piedrabuena en el caso y el viernes Ruth Ortiz regresa a Huelva. Hay una leve pausa.

El sábado, día 15, se cumplió una semana de la desaparición de ambos hermanos y cerca de 300 personas se concentraron en el Parque Cruz Conde a raíz de una convocatoria de la plataforma web «Urgente 2 Niños Perdidos». También el domingo tuvo lugar una manifestación, en esta ocasión, en Huelva, donde se personaron unas 1.500 personas (otras 200 volvieron a congregarse al mismo tiempo en Córdoba) y en la que la portavoz de la familia materna, Esther Chaves, lee una emotiva carta de la madre en la que ésta mostraba su esperanza en encontrar con vida a José y a Ruth, y aseguraba no tener rencor. «Quien los tenga, si los deja libres, contará con mi perdón. No soy vengativa. Me enseñaron a perdonar. Soy capaz de perdonar y olvidar si vuelvo a ver sus caritas y a escuchar mamá».

El pasado lunes, las sospechas policiales contra el padre se materializan en su detención y se le acusa de un doble delito de homicidio y otro más de falsa denuncia. Nuevo estallido emocional. La investigación se centra en la finca de Las Quemadillas donde se rastrea durante casi 20 horas en busca de los cuerpos de los niños. Pero ayer, la pendiente volvió a bajar en esta montaña rusa.

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