El escritor presenta la octava edición de su obra, que ahora publicará El Páramo
Día 21/10/2011 - 09.39h
Su autor quería acabar con los prejuicios y tabúes que había alrededor del alcoholismo. Fue hace tres años cuando el periodista Joaquín Santaella, nacido en Madrid pero vinculado a la provincia de Córdoba, publicó su «Vino torcido», una novela escrita con la técnica de la ficción pero llena de un testimonio real, el suyo propio, sobre los estragos de esta enfermedad, y en este tiempo no ha cesado de hablar de él en charlas en España y América.
Ahora vuelve a la ciudad para presentar una octava edición más especial que ninguna otra, porque la firma cordobesa El Páramo ha comprado los derechos para la comercialización de esta obra a partir de ahora. Joaquín Santaella, que pasó por más de quince centros de rehabilitación durante diez años, extrae de sus diarios la experiencia pasada para hablar de algo que, dice, sigue oculto en parte.
«Desde que publiqué el libro estoy dispuesto a pulverizar el tabú sobre el alcohol», afirmó quien dice denunciar en su obra que la misma sociedad que fomenta la bebida sin tapujos es la que después olvida o margina a los alcohólicos.
Joaquín Santaella, que firmó crónicas en Blanco y Negro durante años, destaca que la innovación de esta obra reside precisamente en que no se habla del alcoholismo desde un punto de vista médico o psicológico, ni tampoco desde los estragos que causa en la vida familiar, sino que quien lo hace es una persona con nombres y apellidos que habla de su propia vivencia y también de lo que encuentra en los demás.
Una droga
Desde que dio a conocer «Vino torcido», con notable éxito entre los lectores como atestigua el agotamiento de sus siete ediciones hasta ahora, Joaquín Santaella ha tenido la oportunidad de contactar con muchas personas que se han visto reflejadas en un libro con «trama, nudo y desenlace», pero que también tiene hechos reales y sobre todo «mucha libertad personal, para pulverizar tabúes y prejuicios». Todo a través de una bajada a los infiernos del «horror y del sufrimiento» que ha visto en centros de recuperación como el Hogar Renacer, de Córdoba.
¿Persisten al día de hoy? Para el escritor, no hay ninguna duda. «Se sigue diciendo de qué se puede y de qué no se puede hablar. Ya no hay tabú con el cáncer, se puede hablar, y lo mismo debe pasar con el alcohol», insistió el periodista, que destaca que no se avanzará en la lucha contra este problema mientras no se entienda que la bebida constituye «una droga como la copa de un pino». No se ve así en una cultura como esta, donde tomar una copa forma parte de los rituales sociales y de la forma de vida, lo que contribuye a fomentarla, recuerda.



