Creen que la Policía española no está tan preparada como la de otros países para hacer frente a perfiles tan complejos como el de Bretón
Día 24/10/2011 - 08.23h
Tres palabras, necesarias en fondo y forma para preservar la investigación de contaminaciones y garantizar su buen fin, sellan lo que se conoce sobre la desaparición de Ruth y José, que mantiene en vilo a Córdoba desde hace dos semanas. «Secreto de sumario». Lo decreta el juez y limita lo que la sociedad conoce de la investigación a través de los medios de comunicación. No se puede violar, pero otra cosa es preguntarse por lo que puede estar pasando en un caso lleno de incógnitas e inquietudes.
ABC ha hablado con dos expertos en investigación criminal y Derecho Penal que no están vinculados a este caso y por lo tanto no conocen todos los datos, pero que, como profesionales, ofrecen sus puntos de vista y ayudan a comprender no lo que está pasando, que es secreto, sino lo que puede estar sucediendo.
El primero de ellos es Manuel Castillo, licenciado en Criminología y Sociología, que aclara que el caso de la desaparición de Ruth y José «tiene repercusión mediática y al mismo tiempo una investigación científica», que es la que está sometida al secreto y que se realiza, apunta, con total discreción. En estos datos que se han revelado y que no se han difundido, apunta, pueden estar algunas de las claves.
Los vacíos
Castillo insiste en que todo análisis tiene que partir desde la premisa «de la presunción de inocencia» del padre, José Bretón, ahora en prisión sin fianza, pero también admite que es un caso que aparece con muchas zonas oscuras. La principal, el que no aparezcan los niños. «Los vacíos se van cubriendo poco a poco, porque se va encontrando información. Se hacen investigaciones, se recurre a grabaciones como ha sucedido en este caso y se habla con familiares. Es la forma de ir llenando los vacíos», aclara Manuel Castillo.
Sin embargo, alerta sobre uno de los riesgos fundamentales para esta investigación, y es el tiempo que ha pasado, dos semanas desde el último momento en que se vio con vida a los pequeños. «Todo el tiempo que pase no es positivo, todo lo que se demore es adverso», concluyó.
Otro experto, un experimentado profesor de Derecho Penal, incide en que es un caso en el que habría hecho falta una mayor formación en psicología. Así, piensa que José Bretón es «un hombre sencillo, que no conoce el procedimiento de los interrogatorios», y al que se puede someter a un procedimiento legal con el que un psicólogo saque conclusiones.
Es algo frecuente en los cuerpos policiales de muchos países europeos, y sobre todo en Estados Unidos, «donde el FBI tiene grandes especialistas», pero no sucede así en España. Y hubiera sido necesario en un caso en que el perfil del hombre acusado de la desaparición de sus hijos es muy particular por la frialdad que ha demostrado en todo el proceso a pesar de la presión a la que se le ha sometido. No hay que olvidar que José Bretón no se derrumbó cuando tuvo que recorrer junto al juez el Parque Cruz Conde y mientras decenas de personas le increpaban y le llamaban «asesino». «Para estos casos no hay mejores métodos que la psicología», insiste este experto.
Es más, existen métodos, «siempre respetando el derecho», para conseguir que se derrumbe, aunque lo raro es que no lo haya hecho todavía. Para Manuel Castillo, hay muchas formas de afrontar un hecho tan traumático, y «hay gente que exterioriza los sentimientos y gente que no».
«Está muy determinado cómo es la persona que en un proceso de separación hace daño a su cónyuge a través de los hijos. O lo hace conscientemente o ha sido producto de un arrebato, y en ese caso hubiera tardado muy poco tiempo en derrumbarse», afirmó.
El docente expresa su deseo que de los niños aparezcan pronto sanos y salvos, pero es consciente de que «todo apunta a algo muy negativo», porque un secuestro para esconder a los niños en alguna parte necesita de colaboración e infraestructura, con los que no parece que haya contado.
También se refiere el profesor a la aparente falta de pruebas. Lo que van apareciendo, dice, son indicios, pero que, «si se concatenan con lógica jurídica, pueden ser, en su caso, una prueba de cargo con la que se le puede acusar».
Ante el peor desenlace de los posibles, el acusado se enfrentaría sin falta a un delito de asesinato, ya que la línea que marca el escalón entre este y el homicidio es la alevosía, y ésta, según la doctrina del Tribunal Supremo, es inherente a la muerte violenta de un niño, porque no se puede defender de ninguna manera.




