Día 31/10/2011
LA pasada semana se emitió en una cadena de televisión un reportaje crítico sobre la Duquesa de Alba y su patrimonio. Buena parte se centraba en sus propiedades agrícolas y exponer las ayudas que percibe de la Política Agraria Común (PAC). El enfoque sobre las ayudas que reciben de la PAC, mostraba una visión muy sesgada y equivocada sobre esta política.
Hay que comenzar recordando que la PAC no es excluyente. Que un titular de explotación agraria reciba una cantidad muy elevada de subvenciones no implica que otros agricultores no puedan acceder a lo que les corresponde o que lo obtengan en menor cuantía. En segundo lugar, las ayudas de la PAC no están pensadas para subvencionar un sector poco eficiente, porque el agro europeo es moderno, tanto desde el punto de vista de tecnología, de rendimientos productivos y de cualificación de los profesionales. En tercer lugar, están calculadas por unidad de superficie, por lo que quien más tiene más obtiene. ¿Por qué? Se trata de un sector que se ha tenido que adaptar a unas normas europeas de carácter medioambiental, social, de bienestar animal, de gestión, etc. Normas impuestas que no se aplican de la misma manera en otros muchos Estados. Si en la UE queremos proteger este sector productivo, conservar los espacios rurales y mantener su población, son imprescindibles las ayudas PAC y que estas sean universales y no discriminatorias.
En la propuesta de reforma de la PAC, que ya está sobre la mesa, se plantean los límites máximos de ayudas para estas explotaciones. Este tope tiene sentido, ya que la economía de escala hace que el beneficio de la subvención sea mayor para las explotaciones más grandes. Muy diferente pretender eliminar o reducir de tal manera sus ayudas que se pierda la viabilidad de estas importantes empresas agrarias.



