Este letrado, que no ejerce actualmente, dedica su tiempo a la pintura, donde ha logrado hacerse un hueco
Día 03/11/2011
FERNANDO GUERRA
Abogado
—¿Cómo y cuándo comenzó su afición a la pintura?
—La mía es un afición tardía. Tenía muy claro que quería estudiar la carrera de Derecho para, posteriormente, opositar a judicaturas o, en su caso, ejercer la abogacía. No obstante, acostumbrado a ver a mi madre ejerciendo todo tipo de artes plásticas, y, sobre todo, observar a mi hermano Rafael, hoy día fallecido, pintando sus cuadros, me ha servido como trampolín para lanzarme al mundo de la pintura.
—Pinta mantones, abanicos... ¿Cómo surgió la idea?
—Surgió con la pintura de camisetas; esto me ayudó a costearme en Madrid un máster en el Instituto de Empresa. De las camisetas salté a la pintura de todo tipo de telas: mantelerías, foulards de seda y, posteriormente, los mantones y los abanicos de peral, con los cuales he abierto un extenso mercado en Sevilla, Barcelona y la Costa del Sol.
—¿Qué tal pinta el mundo de la abogacía hoy en día?
—A pesar de la crisis, la abogacía sigue pintando... y mucho. Y, aunque sea una labor muy gratificante, se ve a veces limitada por el funcionamiento lento de la Justicia, carente de medios personales y materiales necesarios para garantizar los derechos e intereses del cliente; de lo cual puedo dar fe al estar desempeñando desde hace varios años funciones de secretario judicial.



