Cinco unidades policiales, geo-radar, albañiles, un helicóptero y más de 70 horas ha empleado sin éxito la Policía en sus rastreos de la parcela paterna con la misma obsesión: los niños
Día 06/11/2011
CÓRDOBA
«Los niños están ahí y van a salir de ahí». Esta es la frase que según el abogado de José Bretón le dijo la Policía en uno de los primeros rastreos de la finca paterna en Las Quemadillas donde durante más de 70 horas repartidas en ocho intensas jornadas los investigadores han buscado como una obsesión los cuerpos de Ruth y José. Más de setenta horas en las que las decenas de agentes de las Unidades Canina, Científica, de Subsuelo, Judicial y de Delincuencia Especializada y Violenta, además de un helicóptero sobrevolando la zona, albañiles y la empresa Condor Georadar, encargada de detectar en las profundidades del terreno restos humanos, han trabajado a destajo para hallar a los niños desaparecidos el 8 de octubre. Uno de los seis geo-radares que hay en España y que lleva años trabajando con la Policía.
Tras el quinto rastreo intensivo desarrollado desde el pasado jueves y prolongado a las primeras horas de la tarde del viernes, la falta de pruebas parece agotar esta línea de investigación central (a la que se añaden las graveras de la zona y las márgenes del río) en estos 28 días de pérdida. ¿Por qué tanta insistencia? El móvil de José Bretón le sitúa en su finca o en una radio de unos 500 metros el sábado en que denuncia la desaparición. Desde allí hizo dos llamadas salientes (una de ellas a su hermana Catalina). El propio progenitor ha admitido en una de sus múltiples versiones que tras recoger a los niños de casa de sus abuelos, acabó en la parcela, donde quemó recuerdos en una hoguera mientras sus hijos jugaban tras comer allí (primera versión) o dormían en su coche tras haber comido en otro lugar (segunda versión).
Las cuatro, o incluso menos, horas claves en el suceso, desde que la abuela paterna de Ruth y José ve por última vez a los niños a las 13.30 horas hasta Bretón aparece por el Parque Cruz Conde según su versión a eso de las 18.00 horas —un vigilante de seguridad de la Ciudad de los Niños dijo verlo antes por la zona—, apuntan también a la finca de Las Quemadillas en algún momento. En el parque, nadie vio a los niños ni sus imágenes están grabadas por las cámaras del recinto infantil de la avenida Menéndez Pidal.
La primera exploración de la finca de los Bretón, cuya propiedad se remonta a más de 30 años, fecha en la que pudieron levantar la casona principal de dos plantas, se hace el mismo sábado 8 de octubre por la noche. Vecinos de la finca confirman a ABC como esa misma noche se asustan al ver luces en la parcela colindante que se identifican como policías para tranquilizar a los residentes de esta zona de parcelaciones.
A partir de ahí, el portón metálico de la casa de los abuelos al borde del polígono de Las Quemadas se ha hecho famoso. El día 10 de octubre, Bretón, en calidad de denunciante, y los agentes llegan a la finca donde emplean hasta 15 horas en registrar el terreno cultivable de naranjos, la piscina, los pozos aledaños, conexiones externas, edificaciones de manera somera, restos de hogueras y otros cultivos; tierras removidas; hasta la parte de la finca que Bartolomé Bretón vendió a una empresa de materiales hace años y que cuenta con un cobertizo y vehículos de transporte. El rastreo se prolonga hasta el día siguiente por la noche y es el día 12 cuando se levanta el precinto.
Casi una semana después, José Bretón es detenido. A primeras horas del martes 18 de octubre, el padre de Ruth y José entra en la finca esposado para otro registro que se prolongará hasta el día 20 de octubre y que consumirá casi 30 horas con descansos de noche. Entra en escena el geo-radar que peina los naranjos y toma algunas muestras tras el rastreo de la Unidad Canina y el señalamiento de algunos puntos que arrojan dudas. La finca tiene 6.000 metros cuadrados. La proximidad de una línea de alta tensión dificulta el trabajo, como el suelo arcilloso y seco. Nada.
La línea de investigación de Las Quemadillas salta momentáneamente a una cantera en Cerro Muriano y a varias graveras próximas a la finca de los Bretón en un radio de acción corto. Una zona repleta de vertederos de materiales y basura y con una margen frondosa del río de difícil acceso que no ha sido exhaustivamente peinada. Un área llena de parcelas y casitas con pozos ciegos. Un terreno propicio y difícil de explorar.
Tras el episodio de la reconstrucción de los hechos en el Parque Cruz Conde, el ingreso en prisión decretado por el juez y los argumentos dados por el abogado defensor, la búsqueda regresa al despacho.
Justo el día después de conocerse que la Audiencia Provincial desestimaba el recurso presentado por el letrado Sánchez de Puerta y mantenía en prisión a Bretón, la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) vuelve a tomar la finca tras la autorización judicial pertinente y en presencia de José Bretón. La Policía descompuso el jueves la casa anexa a la principal de 90 metros cuadrados, unidas por un cobertizo.
Entran en escena albañiles y el resto de unidades, salvo la canina. Levantan solería, muros, falsos techos, fregaderos, electrodomésticos y rebuscan en algunos pozos hallados. El geo-radar vuelve a entrar en acción sobre el terreno picado. El objetivo pudiera ser un zulo, recoveco, pozo falso o espacio desconocido. Esa casa de planta baja no tiene planos y fue edificada por el propio José Bretón, considerado un auténtico «manitas». También se remira en la casa principal, que dispone de siete habitaciones, dos cocinas y cuatro baños. En una de ellas, la pared está plagada de fotos y dibujos de los niños así como regalos sin desenvolver. En estas dos últimas jornadas infructuosas, se consumen más de 21 horas de rastreos intensivos. La actitud de José Bretón, que está dando mucho que hablar, no parece ayudar, según la Policía. El abogado defiende justo lo contrario, no se muestra impasible, sufre con todo lo que ve en los rastreos y sigue en sus trece. Las posibles alteraciones psicológicas son un arma de doble filo cuando lo que se pretende es que el principal sospechoso e imputado aporte algún dato revelador y determinante. Lo que está claro es que Las Quemadillas parece ya un escenario imposible.



