Día 10/11/2011
Con los ojos arrasados en lágrimas, un pelotón formado por unos 15 hombres y mujeres del Batallón de Infantería de Carros de Combate Flandes, según la insignia con el doble ancla cruzado que llevaban en el brazo, aguantaron como pudieron las formas durante el entierro de su compañero, el sargento primero Joaquín Moya. De cuando en cuando, un llanto apagado rompía el silencio de la ceremonia y así continuaron hasta que su teniente coronel les vino a dar ánimos. Finalmente, cuando la compañera sentimental del militar cordobés dio la orden de romper filas dieron rienda suelta a su dolor con un grito de amor a la patria a la que sirven y luego, uno a uno, saludaron con un sentido abrazo a la mujer, antes de viajar de nuevo hacia Vitoria, donde la vida para ellos continúa.



