Córdoba

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Escrito para un infierno

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Uno de tantos, pero simbólico y crudo en un día tan señalado. El relato de un maltrato en la acusación de un fiscal

Día 26/11/2011

CÓRDOBA

Instituciones, colectivos, centros de trabajo, colegios..., todos pararon ayer cinco minutos en recuerdo de las víctimas de la violencia de género en Córdoba y en contra de esta importante lacra que sigue dejando un impactante reguero de muertes. Manifestaciones, lectura de comunicados, obras de arte, dibujos, silencio..., todo es bueno para un fin como éste. Pero, quizás, de entre todas esas voluntades y su común reto de concienciar para que la sinrazón no anide entre nosotros, la más reveladora y cruda puede estar en lo más cotidiano.

Es el duro y frío relato de un infierno vivido por una mujer durante 14 meses a caballo entre un municipio del Alto Guadalquivir y Córdoba y puesto negro sobre blanco en uno más de esos escritos de la Fiscalía de Córdoba sobre casos de violencia de género. Puede que como azar o como coincidencia bien elegida, la historia de esta mujer, oculta en una letra («A»), no necesita más apelativos. Precisa ser contada, pues por delante y por detrás de su calvario está la realidad.

Entre mayo de 2009 y julio de 2010 hasta nueve episodios de vejaciones, agresiones, insultos, maltrato, amenazas, lesiones y una violación que han acabado con su pareja, de 27 años de edad y con un hijo, en la cárcel y con una petición por parte del fiscal de hasta 20 años de prisión por varios delitos de maltrato en el ámbito familiar (hasta con un menor delante), amenazas, agresión sexual, lesiones...

«La joven le manifestó que iba a dejarlo... reaccionando éste cogiendo un cuchillo de cocina y advirtiéndole a su compañera que si lo hacía, se mataba, y se abalanzó hacia ella...». Pocos meses más tarde, «el acusado inició otra disputa con la joven en el dormitorio, y acto seguido la cogió fuertemente del cuello y le propinó varios mordiscos en las manos, retorciéndoselas también», describe el fiscal. En el mismo domicilio anterior, y tratando de defender la joven al hijo menor del acusado para que su padre no le agrediera, «el acusado le propinó un fuerte puñetazo en el brazo a su novia».

El «Día de San Valentín»

La secuencia sigue a pocas semanas. «Provisto de un bate de béisbol le dijo a su pareja que se callara o le partía las piernas y le abría la cabeza». Poco tiempo después, prosigue el escrito del Ministerio fiscal: «La persiguió hasta el cuarto de baño lugar donde, encontrándose la muchacha en el suelo le propinó un fuerte puñetazo en la cabeza».

El infierno particular de esta joven tuvo su cénit el Día de San Valentín de 2010. «Esa noche, la llamó insistentemente por teléfono diciéndole que era una guarra, que sólo quería acostarse con tíos, apareciendo posteriormente en el local donde se encontraba ella, momento en el que le exigió que se montara con él en el coche, porque de lo contrario iba a montar un espectáculo, por lo que accedió».

«Ya en el turismo —continúa el relato de los hechos—, y estando presente el hijo menor de edad, la cogió del cabello y la estrelló contra el cristal en dos ocasiones marchándose a su domicilio. Durante el trayecto le manifestó que le iba a pegar dos tiros y tirarla a un pozo. Cuando llegaron a casa, y con un estado de gran agresividad, le recriminó que estuviera con sus amigos».

Se calmó y se fueron a dormir. «Él le exigió mantener relaciones sexuales y ante la negativa, la sujetó fuertemente y propinándole muchos puñetazos le abrió las piernas, le quitó la ropa, oponiendo ella fuerte resistencia; pero le siguió propinando puñetazos en las piernas y pellizcos y consiguió penetrarla vaginalmente con el miembro viril», describe el escrito de acusación.

Los puñetazos, las amenazas, «te buscaré donde sea y te mataré», los insultos, los intentos vanos de abandonarlo... En casa de los padres del acusado, y tras decirle ella que iba a dejarlo, la cogió del cuello, la metió en un coche y camino a otra localidad «la sujetó con fuerza del cuello con el cinturón de seguridad y la abandonó descalza en mitad de un olivar». Ella, asustada, «vomitó y de nuevo la metió en el coche». «El acusado le impedía continuamente a su novia relacionarse con nadie, le controlaba el móvil y la ropa y le pegaba cuando no hacía lo que él deseaba. «A» presenta cambios emocionales concretados en una sintomatología ansioso-depresiva y también cognitivos y conductuales», concluye el escrito.

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