ATLETA
Para Loli Jiménez Guardeño la vida sigue igual. El domingo pasó a la historia del atletismo provincial al inscribir un nombre local en el palmarés de ganadoras de la Media Maratón Ciudad de Córdoba. Y ayer, con total naturalidad, estaba desarrollando sus funciones de profesora en un colegio de Primaria. Sin duda, el tiempo de 1:22.31, que empleó en correr los 21 kilómetros de la carrera, no los olvidará, aunque en su mente ya empiezan a dibujarse nuevos objetivos.
—¿Se ha recuperado antes del esfuerzo o de las emociones?
—Pues la emoción no hay quien me la quite. Del esfuerzo, con algo de fisioterapia tratamos de que se vayan antes las molestias. Desde luego, es cierto que terminé extenuada.
—¿Pero se cansa más psicológicamente o físicamente?
—Pues se podría mezclar, porque los cuatro kilómetros finales de la carrera se me hicieron eternos. Y en las pruebas de fondo la psicología hace mucho. Me llegaron fantasmas, no corría con naturalidad y me di cuenta que mis perseguidoras cada vez estaban más cerca. Entonces fue cuando me dije que no lo podía consentir. Me remonté el pensamiento, luché y gané. Ahora puedo decir que soy la única cordobesa que ha conseguido esto.
—¿Vivió eso que denominan el miedo a ganar?
—Pues no sentí esa sensación en ningún momento. De hecho, no sabía que iba la primera, aunque tampoco tenía la referencia de la atleta marroquí por ningún sitio. Mi idea no era otra que hacer mi carrera, marcar mi ritmo. Pasada una parte de la carrera, ya sabía que iba por delante y que me seguían. Entonces, saqué mis garras. Si querían ganarme, iban a tener que correr mucho.
—Llega a la meta en El Fontanar. ¿De quién se acordó en ese momento tan especial?
—Sinceramente, no me acordé de nadie en particular. Sí lo hice en el kilómetro 16. Se me vino a la memoria Juan Carlos, un compañero de entrenamientos que por motivos laborales no pudo competir y que ha preparado con dedicación esta prueba. Lo vi en el kilómetro ocho y sé que se le saltaron las lágrimas. Y, por supuesto, me acordé de las muchas zancadillas que me he encontrado, como otras mujeres, por parte de los atletas.
—¿Puede explicar eso?
—Por supuesto. En el atletismo de Córdoba hay muchas envidias, hay corredores que no ayudan a las mujeres. También ha habido otros que sí lo han ha hecho.
—¿Con esto se van a generar más envidias?
—Espero que no, que sea todo lo contrario. Con lo que hice el domingo y siendo veterana, lo que le demostré a muchas chicas es que se puede lograr y que van por el camino.
—¿Ha ayudado que no vinieran muchos atletas de fuera?
—Han venido y se dice que algunos hasta bajo talón. El caso es que las victorias han sido para nacionales.
—¿Cierra la temporada con este éxito o hay más objetivos?
—Los hay. Para mí, la Media de Córdoba, como la de San Sebastián donde acudieron 30.000 atletas, era una preparación para la Maratón de Sevilla. Y el resultado del test no fue malo, pero quería otra marca que no hice por el muro mental que se me montó en el kilómetro 16 de la carrera. De hecho, en San Sebastián gané en veteranas y fui la segunda española. Una vez pase lo de Sevilla prepararé el Europeo al aire libre para veteranos, en el que competiré en obstáculos. Por ilusiones, desde luego no va a ser.
—Para que digan que eso se acaba.
—Llevo 35 años de mi vida dedicada al atletismo y lo bueno me ha venido ahora, al final. Para que eso llegue, tienes que mantener las ilusiones y así se lo hago ver a los alumnos.
—¿Tiene futuro el atletismo en Córdoba? Empieza a salir gente que despunta.
—Pues sí, porque la formación de monitores es más completa. Pero creo que hay que apostar por la naturalidad con los chavales. Se deben hacer solos.
—¿Qué le pueden dar Peralbo o Javi López al atletismo cordobés?
—Pueden ser imágenes en la que muchos chavales se vean reflejados. Hasta mis alumnos en el colegio me ven cuando gano en alguna carrera y les despierta el ánimo de dedicarse al atletismo.
—¿De verdad que al día siguiente fue a trabajar sin más?
—Claro. Las elites están en la Blume. Soy una trabajadora más.



